domingo, 30 de diciembre de 2012

Chatarra los bonos de la Universidad por Jaime Benson, Catedrático de Economía, UPR

(Reproduzco a continuación la columna del profesor Jaime Benson publicada en El Vocero del jueves 27 de diciembre de 2012. Sobre su contenido el profesor Benson ha señalado que: "Me temo que no se trate de mera incompetencia [las medidas propuestas por la administración de Alejandro García Padilla], sino de una estrategia temeraria para desestabilizar la UPR con meros propósitos político partidistas poniendo en riesgo nuevamente la acreditación de la UPR. Los universitarios más allá de banderías partidistas debemos hacer frente común para salvar la Universidad, pues no solamente están en juego  nuestros empleos sino el futuro de todos." 

Antes de pasar al artículo del profesor Benson —en el cual expone sus fundamentos en torno a este asunto— deseo comentar que, en mi perspectiva, los intereses políticos estrechos, según los entiendo, apuntan a la absurda teoría de sacar a la Universidad de Puerto Rico del sistema de acreditación del Middle States Association, lo cual sería nefasto, para dirigirla a ser una réplica de fallidas universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Paradójicamente, y "sacándose los dos ojos", nuestros neo-chavistas se dedicarían a jugar al llamado cogobierno en la UPR, mientras el espacio que sería dejado por ésta pasaría, con toda probabilidad, a ser ocupado por una institución consolidada, con acceso a recursos económicos no provenientes del presupuesto del gobierno, con capacidad de presentar ofrecimientos académicos diversos, y de reclutar, gracias a sus ofrecimientos salariales, a los mejores profesores disponibles. Esa institución podría ser el Sistema Universitario Ana G. Méndez. La administración de García Padilla se dedicaría, mientras tanto, a pagar deudas electorales, y a los bailes rituales del populismo clientelista en la UPR, a costa del futuro de la institución, y de paso, como se verá en el artículo del profesor Benson, a costa también de debilitar aún más las clasificaciones crediticias y la capacidad de manejar el déficit presupuestario del gobierno colonial. 

(Sin más, pasemos al artículo del profesor Jaime Benson.)

sábado, 15 de diciembre de 2012

Cuba y Puerto Rico: Sinceridad e hipocresía ante Guillermo Fariñas y los presos políticos (una discusión local que no lo es)

(Acudo a esta columna publicada originalmente el 10 de julio de 2010, la cual, como todo lo que tenga que ver con libertad de expresión en Cuba, no pierde vigencia alguna. Las recientes declaraciones de unos famosos "raperos" puertorriqueños, en las cuales se expresan, por primera vez, sobre la censura gubernamental en Cuba —en este caso, por razón de la dirigida a otros músicos del género, debido al contenido de sus canciones presuntamente ofensivo contra la mujer— podrían ser vistas como una broma de mal gusto, un acto de ignorancia, o mucho peor, un acto de cinismo monumental. No se trata de que la expresión de rechazo por estos "raperos" a la censura en el contexto cubano no sea pertinente o válida. Son desafortunados, sin embargo, el hecho de la tardanza colosal de estas expresiones, y el total silencio sobre el expediente previo, no sólo de censura, sino de represión de la libertad de expresión por parte de la dictadura cubana contra diversos sectores de la sociedad civil, y la oposición política. Los actos de censura y agresiones contra otros músicos, artistas, blogueros, activistas por los derechos civiles, entre otros, a lo largo de 53 años de dictadura, y en particular, durante los últimos diez años de descalabro político total del régimen, llenan completamente el expediente. Desafortunadamente, las laxas y tardías expresiones de estos talentosos, y literalmente privilegiados, "showmen" puertorriqueños, mejor conocidos por el nombre de "Calle 13", ponen de manifiesto su indiferencia a las aspiraciones más esenciales de la juventud cubana en cuanto a la libertad de expresión, y evidencian sus dobles varas cuando se trata de criticar a regímenes como el de Cuba. Recuérdese que fue este dúo el que señaló en el otorgamiento de unos premios MTV, en un ejercicio de libertad de expresión, que el gobernador de Puerto Rico era un "hijo de la gran puta", haciendo uso del recurso simplón e irresponsable de romantizar el "lumpen" y la agresión verbal como mecanismo de "marketting" y promoción de su presencia en la escena de la música popular. Buen ejemplo, tal vez, de la "sociedad del espectáculo". Finalmente, si alguna duda hay del expediente al que esta agrupación hace y ha hecho caso omiso, mientras saca partido de un bien empastelado "look" contestario, una revisión de este artículo puede dar, al menos, una ligera idea sobre lo que está planteado en Cuba en cuanto a la libre expresión, mucho antes de que Yomo y René descubrieran la censura a los raperos cubanos, y decidieran expresarse sobre ello. Mientras estos "mensajeros de la cultura boricua" viajan el mundo, decenas de ciudadanos en Cuba luchaban y luchan por un pequeño espacio para hablar, y tal vez poder exclamar, sin temor a las turbas de acción rápida y el MININT, en una plaza pública, no ya en la televisión nacional: "¡Fidel, hijo de puta!" )

domingo, 2 de diciembre de 2012

Encontremos a José Enrique Gómez

Los foto montajes que incluyo en este post responden a la desaparición, y aparente secuestro del publicista José Enrique Gómez Saladín de Juncos, Puerto Rico, desde el pasado jueves 29 de noviembre en la noche. Su vehículo, un Toyota Matrix de color azul claro, tablilla FRT 734, tampoco ha sido encontrado. Se solicita toda información que contribuya a localizar a Gómez. Para ello pueden comunicarse a la Policía de Puerto Rico, 787-343-2020, y a los teléfonos 787-567-7459 y 787-746-2949. 

De la información que surge de los medios de prensa (véase El Vocero, NotiCel y El Nuevo Día), es posible, y esto es sólo una hipótesis de quien escribe, Gómez pudo haber sido abandonado en cualquier lugar entre Caguas y Cayey, mientras su vehículo haber sido utilizado por su raptor, o raptores, para trasladarse hasta algún lugar para cambiar de vehículo, o que fuera cercano a sus madrigueras, el cual puede ser cualquier punto de la zona entre San Juan y Caguas, o aún de zonas como Aibonito, Cayey, y los municipios a lo largo de la carretera número 30 que llega hasta Humacao. 

Hago estas observaciones para llamar la atención a las complejidades que el secuestro de una persona le presentan a las autoridades en los procesos de investigación. En ese sentido, la cooperación tradicional de la ciudadanía, y una actividad "militante" a través de las redes sociales, pueden ser de gran ayuda para dar con el paradero de Gómez.


Hay que señalar que la proliferación de este tipo de delito es un indicativo del grado de enfermedad que la mente criminal va desarrollando en la Isla, lo cual pone en riesgo al ciudadano de a pie —ya no digamos a las personas de afluencia económica—, no solo de la agresión criminal, sino específicamente del terrible acto de secuestro.

Pero no me limito a lo anterior. Como he planteado en otros artículos, y en conversaciones con muy apreciados amigos, la corrección de rumbo en la Isla, la reconstrucción de la sociedad puertorriqueña, puede tomar no menos de unos 20 años, indistintamente de las fórmulas de la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos. 

Por lo anterior, y mientras todo eso ocurre, la verdadera sociedad civil —gran parte de la cual marchó de blanco el 12 de agosto de 2012, sin discursos grandilocuentes, sino más bien desarticulados, y bajo acusaciones de "mojigata"o "inconsecuente"— ante eventos como el del secuestro de este joven publicista puertorriqueño, puede articular esfuerzos dirigidos a armar una red de apoyo a las autoridades. En este caso, para tratar de hallar con vida a José Enrique.

Si estamos dispuestos, y somos capaces como sociedad de al menos dar curso a ese tipo de iniciativa, habremos dado un paso de avance; tal vez pequeño, sí, pero de avance, en la dirección correcta, el de la solidaridad frente a la actividad criminal en la tantas veces llamada "mi Isla", "nuestra Islita", la "Isla del Encanto".

Sobre esto de los nombres y las identidades no soy tan romántico. Me bastaría poder llamarla una "isla en la que se puede vivir en paz". Mientras tanto, demos la mano y encontremos a José Enrique Gómez.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Comentarios en torno al “black hole” del status y el espacio “democrático radical” del profesor Carlos Pabón, por el profesorJaime Benson



(Incluyo a continuación un artículo, dirigido a mi atención para su publicación en el Quantum, por el amigo y profesor Jaime Benson, en torno a una nota al calce en un artículo publicado por mí recientemente , en la que recojo unos comentarios del también amigo y profesor Carlos Pabón, en torno a la problemática del estatus, y su impacto en la atención a otros problemas urgentes que afectan a la sociedad puertorriqueña. Eric Alvarez, autor y responsable del Quantum de la Cuneta.) 

Foto por Eric Alvarez © 2012. Todos los derechos reservados
Estimado Eric:

Ante la intensidad de mi atención al recién concluido evento  electoral plebiscitario, no tuve el tiempo y el espacio para reflexionar y reaccionar debidamente ante tu puntual análisis plebiscitario, el día previo al estratégico evento, titulado “ 3 millones de hispanos sin derecho al voto y la paradoja política de Estados Unidos y Puerto Rico . En el mismo señalas, acertadamente a mi entender, la urgencia de salir del impasse y el consiguiente estancamiento político, social económico que conlleva la continuidad de nuestra actual relación territorial-colonial con los Estados Unidos, y destacas lo injusto y antidemocrático que es perpetuar que a 3.6 millones de ciudadanos americanos se les nieguen los más elementales derechos políticos y sociales, tales como participar en la elección de las autoridades que le gobiernan,  tener la debida representación en las instancias gubernamentales que le rigen, y recibir trato igual en la asignación  de los recursos de la formación política de la que son parte. Es por ello que concluyes de nuevo, acertadamente a mi entender, y cito:
 Los puertorriqueños tienen la obligación ineludible de decidir, conscientes de que tras su decisión, no importa cual ésta sea, las tareas de saneamiento y reconstrucción de la sociedad puertorriqueña en los ámbitos económicos, sociales, culturales, y de convivencia democrática, habrán de tomar, posiblemente, cerca de 20 años antes de que se vean sus frutos. Sin embargo, esta es la única manera de finalizar el estancamiento histórico de Puerto Rico. El inadmisible estancamiento en el debate sobre su relación política con los Estados Unidos.
En el mismo escrito aludes a unos señalamientos sobre el tema  del profesor Carlos Pabón los cuales reproduces en una nota al calce, que a mi entender conllevan en algunas instancias una postura alternativa y distinta a la que postulas en tu ensayo, y que en lugar de contribuir a salir del impasse y estancamiento, sobre la dinámica y la discusión del status político, contribuyen a perpetuarlo. Veamos. A continuación reproduzco tu nota al calce con 
los señalamientos del profesor Pabón:
Mi postura no equivale a ignorar "la realidad de la cuestión del "status". Se trata de: (1) proponer que el status que deje de ser el "black hole" que se traga todo lo político y la política en PR; (2) reconocer que las elecciones generales no son plebiscitarias; (3) reconocer que el "status" define falsamente las diferencias "ideológicas" del país ("izquierda=independentista/soberanistas; "derecha"=estadistas"; "centro=ELA; y bloquea así otros posibles imaginarios alternos que no encajan en esta lógica; (4) que se puede articular un espacio político diferente al que define el status, un espacio transversal, que define lo político a partir de cuestiones sociales, económicas, y política y culturales que podemos llamar (por poner algún nombre) "progresista", de "izquierda", "alterno", "democrático-radical"; (5) que el llamado "voto útil" contribuye a bloquear esta posibilidad ya que se basa fundamentalmente en criterios "ideológicos" del "status"; (6) que el PPT, no empece las diferencias que tengo con este partido, abre una posibilidad para articular ese imaginario político "democrático-radical"; (6) que se puede y debe atender la cuestión del "status" de una forma que no sea lo fundamental ni lo que defina lo político y la política en PR; con discusiones y mecanismos que rompan la lógica tradicional de este asunto y que estén en correspondencia con los tiempos que corren.
Concuerdo con el profesor Pabón en que debemos esforzarnos para que el asunto del “status” deje de ser un “black hole” que se trague todo lo político y la política en Puerto Rico, y que muchos asuntos ideológicos y políticos de no poca monta (la opresión de las lesbianas y los homosexuales, de la mujer, de los inmigrantes, la fallida guerra contra las drogas ilegales, entre otros), transcienden este espinoso asunto. Quizás cuando el desgaste institucional de la actual relación territorial-colonial (hace unos 15 a 20 años atrás ) no era tan evidente y abrumador, y por ende, era relativamente más funcional tal posibilidad de superar el “black hole” del status político, y que se dirimieran muchos asuntos culturales y sociales más allá del mismo, propiciando inclusive alianzas sobre estos asuntos que agruparan estadistas, estadolibristas, soberanistas e independentistas.

Sin embargo, ante el evidente y abrumador desgaste institucional del ELA territorial y su correspondiente modelo de crecimiento económico en la actual coyuntura política, temo que lo anterior es extremadamente difícil, sino imposible, y que la única forma efectiva de superarlo de una vez y por todas, para poder evitar que el mentado “black hole” succione lo político y la política en el país,  es que cada cual  apoye e impulse acciones afirmativas para resolver el asunto del status político de forma transparente y democrática. En esa misma medida le restamos oxigeno al maldito “hoyo negro” del status, y podremos oxigenar un espacio alternativo para dilucidar otros asuntos de mayor importancia.

En la medida que se contribuya con esto a adelantar camino en la resolución transparente, justa y democrática de la cuestión colonial, en esa misma medida se crearán condiciones para la habilitación de espacios alternativos para la política y para lo político. Más aún, ya que la camisa de fuerza territorial-colonial agrava y dificulta sobremanera, la adecuada dilucidación de la amplitud de asuntos y problemáticas que van más allá del status político, tanto por la impotencia política resultante, como por la formación de tribus y bandos políticos en torno al endemoniado problema del status político, sólo si lo asumimos de frente y de forma innovadora en vías de resolverlo lo más pronto posible, podremos realmente experimentar avances significativos en tapar para siempre el desgraciado “black hole” que absorbe, y arropa, la política y lo político en Puerto Rico.   

A este respecto, entiendo que se dio un importante paso en la dirección indicada este pasado 6 de noviembre, a la luz de los claros resultados plebiscitarios. Pues, contrario al planteamiento de parte del profesor Pabón de que las elecciones generales no son plebiscitarias, las últimas dos jornadas electorales (2008 y 2012) irremediablemente lo han sido (me temo que las próximas también lo serán) y no solo por tácticas y estratagemas político-partidistas de conveniencia (las que sin duda han incidido en que así sea), sino, sobre todo, ante la clara y abrumadora realidad de la crisis institucional de fondo del sistema territorial-colonial que padecemos.

Abrumadora crisis que han tenido que asumir y reconocer los pasados tres incumbentes de Casa Blanca, y que los ha obligado a constituir el llamado “Task Force” de Casa Blanca, así como a rendir los correspondientes informes, con sus consiguientes recomendaciones, sobre como encaminar la solución del asunto. Es por ello que los principales partidos políticos locales se han visto forzados a asumir con mayor seriedad la cuestión del status, y elaborar sus respectivas propuestas especificas para resolverlo (Asamblea Constitucional de Status o Plebiscitos). Claro está, unos de forma más transparente, inclusiva y democrática que otros, pero no empece a ello, a asumirlo comoquiera.  

Ahora bien, es preciso puntualizar que desde la década del 40 del siglo pasado, el PPD, bajo el liderato de Luis Muñoz Marín, y luego bajo sus sucesores, han postulado de forma muy exitosa que las elecciones generales no son plebiscitarias, bajo el entendimiento, hasta cierto punto válido, que para atender lo relacionado al status existen mecanismos alternos (plebiscitos, asambleas constituyentes), y el entendimiento, menos válido, que los principales asuntos del país ( el desempleo, el crimen, la pobreza) se pueden atender y resolver adecuadamente sin necesidad de resolver el status político.  Es preciso reconocer que dicho argumento gozó de gran credibilidad y solvencia intelectual en la era de oro de la industrialización y modernización de Puerto Rico, y en etapas subsiguientes en que el ELA, y su modelo de crecimiento, fueron relativamente funcionales. Sin embargo, a la luz de la pasada década perdida, dicho argumento pierde fuerza y credibilidad, ante la inminente y profunda crisis del modelo político colonial.

El actual liderato del PPD postuló el mismo argumento, antes y durante la pasada contienda electoral, pero de forma evidentemente evasiva y defensiva. No empece a ello, ante la celebración de la consulta plebiscitaria el mismo día de las elecciones, se vieron obligados a participar del plebiscito defendiendo lo indefendible: la continuidad  de la actual condición política territorial. Por otro lado, la alta tasa de participación (75%) en el plebiscito, y los claros y contundentes resultados del mismo, tienden a evidenciar que, para un sector considerable de los electores, la afirmación de que las elecciones generales no son o no deben ser plebiscitarias, ha perdido su sentido, y por consiguiente, su poder de convocatoria.      

Por otro lado, es cierto que bajo los distintos posicionamientos en torno al status político (estadistas, independentistas, soberanistas y estadolibristas) coexisten una diversidad de posturas liberales, conservadoras y/o progresistas. Estas posturas se manifiestan ante los diversos asuntos sociales, culturales y económicos, más allá del status, en los respectivos bandos. No obstante lo anterior, a estas alturas es innegable que las distintas opciones de status implican unas consecuencias respecto a dos asuntos cardinales:
  1. El deterioro o debilitamiento, vis a vis la mejora o reforzamiento, del marco jurídico del actual Estado de derecho democrático liberal, y los consiguientes derechos ciudadanos;
  2. El  debilitamiento o eliminación, vis a vis el reforzamiento o expansión, de la importante red de seguridad social federal. Dos asuntos de no poca monta que el silenciarlos, y no asumirlos abiertamente, y de forma transparente, como hace el imperio mediático del Grupo Ferré Rangel, y la mayoría de los medios masivos de comunicación locales, esconde una agenda política anti-democrática, reaccionaria y neo-liberal.
Me consta que el profesor Pabón, no participa ni endosa dicha agenda política conservadora. Sin embargo, el que evidentemente subestime u obvie estas consideraciones no triviales, en lo que respecta al dilema del status político, y la consiguiente urgencia de resolverlo a la mayor brevedad, en vías de propiciar un resultado lo más favorable posible en esos dos frentes, no contribuye a su objetivo de crear un espacio político alternativo de orientación “progresista”.   

Puedo entender las empatías del profesor Pabón, pues las comparto, respecto a las posturas del PPT en la pasada campaña electoral en lo concerniente a dos asuntos: la legalización de la marihuana y su clara condena de la homofobia.

Sin embargo, no comparto su criterio de que el PPT “abre una posibilidad para articular ese imaginario político “democrático-radical (o progresista)”,  a la luz de las consabidas acciones autoritarias y claramente anti-democráticas de sus principales lideres en la APPU, en los cierres forzosos y violentos de la universidad, así como de su clara complicidad con regímenes dictatoriales militares en Cuba y Venezuela.  

En fin, para enterrar para siempre el asfixiante y paralizante “black hole”  del status que se traga lo político y la política  en Puerto Rico, urge que todos contribuyamos dentro lo posible a su pronta resolución, pues de lo contrario estaríamos contribuyendo a perpetuar su existencia. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

3 millones de hispanos sin derecho al voto y la paradoja política de Estados Unidos y Puerto Rico



Cuando el próximo 6 de noviembre los ciudadanos de los Estados Unidos tengan la oportunidad de votar por el Presidente, habrán unos 3 millones (3,690,923) de ciudadanos hispanos a los cuales les estará expresamente prohibido participar en ese proceso electoral. Una paradoja cruel si se toma en cuenta que los Estados Unidos adoptaron la Democracia y la Libertad como principios rectores de la nación, en su Declaración de Independencia de 1776, y en su Constitución, aprobada en 1787

Mientras a estos ciudadanos les es vedada la participación en este evento esencial del sistema democrático, el voto de 24.7 millones de hispanos (un 11 por ciento de la totalidad de electores inscritos) puede ser decisivo en el resultado final de estas elecciones, como lo fue en las anteriores, cuando Barack Obama fue electo presidente. Tan reciente como el pasado 18 de octubre, en un reportaje publicado en el New York Times por Adam Nagourney y Fernanda Santos, se describieron los esfuerzos por la captación del voto hispano en los estados de Colorado, Florida y Nevada. 

Concretamente, los ciudadanos americanos de origen nacional puertorriqueño, o de cualquier otro origen nacional o étnico, que residan en Puerto Rico, no tienen derecho a votar para elegir al presidente, ni a tener representación en el Congreso proporcional a la población de la Isla.

Es paradójica la situación de los ciudadanos residentes en Puerto Rico dado el hecho de que, tras la Isla ser adquirida de España en 1898 por los Estados Unidos, con la aprobación en 1917 de la Ley Jones le fue “concedida” a todas las personas nacidas en la Isla la ciudadanía americana. 

Es decir, la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños fue impuesta por los propios Estados Unidos. Por otro lado, y para añadir elementos a este juego de paradojas, con el paso del tiempo, no solo fue aceptada por los puertorriqueños, sino protegida como elemento fundamental de su relación política con esa nación.

Faro en el Castillo San Felipe del Morro construido
por el Ejército de Estados Unidos (Foto por Eric Alvarez) 
Los historiadores han señalado que la Ley Jones fue aprobada con miras a poder reclutar a los puertorriqueños en las fuerzas militares de los Estados Unidos. La evidencia apunta a que están en lo correcto. Desde el 1917 más de 200,000 ciudadanos norteamericanos de Puerto Rico han servido en todas las guerras en las cuales los Estados Unidos se han involucrado, de conformidad con datos provistos por la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico (PRFAA, por sus siglas en inglés)


Lo cierto es que la paradoja de la negación del derecho al voto a los ciudadanos estadounidenses residentes en Puerto Rico surge del hecho de que la Isla es una colonia, un territorio bajo la jurisdicción del Congreso de los Estados Unidos, y por ende, no le son reconocidos los mismos derechos que a un estado de la Unión, aunque le son aplicables la mayoría —si no todas— las leyes aprobadas por ese cuerpo.

Tras 114 años de sujeción al Congreso norteamericano, el resultado concreto es que las instituciones políticas y administrativas en Puerto Rico siguen el modelo estadounidense; la economía está estrechamente vinculada a la de la metrópolis; el gobierno local depende sustancialmente de la inyección de transferencias del presupuesto federal; y toda la estructura de asistencia a la población, incluyendo el seguro social, está montada sobre las agencias federales.

Sería mezquino no reconocer que la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos, aun a pesar de su carácter colonial, le permitió alcanzar unos niveles importantes de crecimiento económico y de modernización durante el siglo 20, mayores a los obtenidos por sus vecinos en Suramérica y el Caribe.

Sin embargo, el modelo económico que permitió esos avances, basado en exenciones contributivas, dispuestas tanto por el Código de Rentas Internas federal como por leyes locales, comenzó a hacer crisis de los años ’70 en adelante.

En la actualidad Puerto Rico sufre una seria crisis económica y presupuestaria producto, en gran medida, de la negativa a reducir gradualmente el tamaño del aparato gubernamental, y la falta de iniciativas concretas dirigidas a la adopción de un nuevo modelo económico, por parte de las administraciones del 2000 al 2008, de los gobernadores Sila Calderón y Aníbal Acevedo Vilá, ambos por el Partido Popular Democrático (PPD, propulsor de la permanencia de la presente relación colonial).

Esta crisis se agrava como producto de que los ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico no pueden participar efectivamente en la toma de las decisiones que les afectan, y no tienen acceso, en igualdad de condiciones a las del resto de los ciudadanos norteamericanos, a los beneficios y obligaciones de ser parte de la federación. No se vislumbra que la economía logre tomar un rumbo sólido y definitivo, a pesar de los esfuerzos realizados por la presente administración del gobernador Luis Fortuño (PNP, propulsor de la integración política de Puerto Rico a los Estados Unidos),  debido al impacto que tendrán los próximos recortes en las asignaciones del presupuesto federal, estimados en 500 millones de dólares, los cuales serían menores si la Isla fuera un estado.

Al respecto, resultan de interés los datos ofrecidos por el profesor universitario Jaime Benson sobre el positivo impacto económico de la Estadidad para Puerto Rico. En un artículo publicado en el periódico El Vocero, el Profesor Benson señala importantes renglones sociales y económicos que serían favorecidos de la Isla ser un estado, e invita a rechazar el presente estatus colonial, así como a respaldar la Estadidad como solución definitiva a este dilema histórico entre Puerto Rico y los Estados Unidos.

El gobierno de Puerto Rico ha pautado para el próximo 6 de noviembre la celebración de una “Consulta de Estatus”, conjuntamente con las elecciones generales que se llevan a cabo para escoger su Gobernador, su Comisionado ante el Congreso (un representante sin derecho a voto y de limitado peso político) y los legisladores locales.

La “consulta” fue diseñada tomando en cuenta el Informe del Grupo de Trabajo del Presidente sobre el Estatus de Puerto Rico , dado a conocer por la administración del presidente Barack Obama en marzo de 2011. 


Esta última opción implica por necesidad jurídica, aunque muy pocos hayan hablado de ello en Puerto Rico, el traspaso de la soberanía política del Congreso a la Isla, es decir su constitución previa en república independiente, y la eventual adopción de un acuerdo de relación con los Estados Unidos, cuyos contornos realmente nadie tiene claros.

Por otro lado, analistas y comentaristas de la política isleña entienden que las dificultades jurídicas para su implantación terminarán manteniendo vigente el actual sistema colonial. Con ello en mente, individuos que no creen en dar fin a la presente relación colonial y territorial, y con agendas políticas dirigidas a su posicionamiento para futuras posiciones de poder en el PPD, se han expresado, recientemente, y prácticamente a horas de la consulta, a favor del llamado “Estado Libre Asociado Soberano”.

Los puertorriqueños tienen la obligación ineludible de decidir, conscientes de que tras su decisión, no importa cual ésta sea, las tareas de saneamiento y reconstrucción de la sociedad puertorriqueña en los ámbitos económicos, sociales, culturales, y de convivencia democrática, habrán de tomar, posiblemente, cerca de 20 años antes de que se vean sus frutos. Sin embargo, esta es la única manera de finalizar el estancamiento histórico de Puerto Rico. El inadmisible estancamiento en el debate sobre su relación política con los Estados Unidos.

Estancamiento que —de manera paradójica de nuevo— ha sido mantenido por los propios puertorriqueños y por la renuencia de los Estados Unidos a resolver definitivamente este asunto. El profesor universitario Carlos Pabón criticó los efectos de esta patética dinámica destacando el hecho de que, mientras la discusión política sigue determinada por la dilucidación de la condición colonial, las formaciones políticas no proponen alternativas viables a los problemas concretos de la sociedad, y la política misma se centra casi de manera exclusiva en este asunto. (1) 

En el contexto de todo lo expuesto hasta aquí, Estados Unidos tiene el reto de actuar y dar fin a la “última colonia del mundo”. Es hora de que Puerto Rico y los Estados Unidos culminen, de una vez por todas, el juego circular de las paradojas, y se permita que en un futuro cercano los 3 millones de ciudadanos americanos, nacidos y residentes en Puerto Rico, en su abrumadora mayoría hispanos, junto a todos aquellos ciudadanos que habitan la Isla, puedan participar democráticamente en la elección de sus gobernantes a nivel federal, y recibir, en igualdad de condiciones y responsabilidades, los beneficios concomitantes a su ciudadanía. Tal solución implica necesariamente la aceptación de Puerto Rico como estado de la Unión. En caso contrario, entonces cada parte debe tomar su propio camino, y adoptar los acuerdos de colaboración que sean pertinentes desde la Independencia plena de Puerto Rico.

Lo absurdo, el fracaso histórico, sería que los puertorriqueños voten en la consulta, a todos los fines prácticos, y para beneplácito de determinados poderes en la metrópolis, y en la propia Isla, por mantener el presente y circular lodazal que no conduce a ningún otro sitio, sino a la permanencia y empeoramiento de las mismas condiciones actuales, y al fracaso de la política internacional de los Estados Unidos en una zona de importancia estratégica como lo es la cuenca del Caribe. Con el triste agravante de que no sería la primera vez, y en este caso, a costa del bienestar y el futuro de una sociedad sumida en una desesperante crisis.

Nota:

(1) En un comentario a su propio artículo el profesor Carlos Pabón señala:
Un par de aclaraciones ante varios comentarios: Mi postura no equivale a ignorar "la realidad de la cuestión del "status". Se trata de: (1) proponer que el status que deje de ser el "black hole" que se traga todo lo político y la política en PR; (2) reconocer que las elecciones generles no son plebiscitarias; (3) reconocer que el "staus" define falsamente las diferencias "ideológicas" del país ("izquierda=independentista/soberanistas; "derecha"=estadistas"; "centro=ELA; y bloquea así otos posibles imaginarios alternos que no encajan en esta lógica; (4) que se puede articular un espacio político diferente al que define el status, un espacio transversal, que define lo político a partir de cuestiones sociales, económicas, y política y culturales que podemos llamar (por poner algún nombre) "progresista", de "izquierda", "alterno", "democrático-radical"; (5) que el llamdo "voto útil" contribuye a bloquear esta posibildad ya que se basa fundamentalmente en criterios "ideológicos" del "status"; (6) que el PPT, no empece las diferencias que tengo con este partido, abre una posiblidad para articular ese imaginario político "democrático-radical"; (6) que se puede y debe atender la cuestión del "status" de una forma que no sea lo fundamental ni lo que defina lo polítco y la política en PR; con discusiones y mecanismos que rompan la lógica tradicional de este asunto y que estén en correspondencia con los tiempos que corren.

domingo, 21 de octubre de 2012

Puerto Rico: Tribulaciones, Melones y Crápulas o el Juego de las Verdades Ocultas

(Ante la manipulación de la información con respecto a la consulta general de estatus y las elecciones del próximo 6 de noviembre, por un lado, y por el otro, ante la reciente reaparición de los planteamientos que cada cuatro años levanta un presunto sector independentista, y su evidente contenido demagógico, deseo aportar a la discusión este artículo, publicado originalmente en el año 2009, con algunas correcciones menores de estilo. Lo hago con una sensación amarga en mi espíritu. Todo tiende a indicar que, en cuanto a los procesos de análisis de la realidad isleña, y el sentido de ubicación respecto a la situación global, en Puerto Rico nada cambia. Y lo que es peor. No hay indicios confiables de cambio.)

Mediante el artículo titulado "La Ineptocracia", publicado en El Nuevo Día, el 18 de agosto de 2009, el cual ha provocado diversas reacciones de simpatía por lo menos en la red Facebook, el escritor Luis Rafael Sánchez, pretende sostener la narración de que la debacle del país se debe a la ineptitud del presente Gobernador, Luis Fortuño, y que los corruptos "tiburones", "las crápulas", todos del Partido Nuevo Progresista (PNP), de orientación estadoista, y al que representa el propio Sr. Fortuño, se aprestan a devorar y destruir la Isla. Por otro lado, el artículo titulado "Tribulaciones del Melón", publicado por el periodista Ismael Torrres, en el mismo periódico de este miércoles 19 de agosto, quizá no tenga una larga lista de fans en Facebook, pero dice mucho del estado intelectual e ideológico del país, en unas muy breves y atinadas líneas. (A la fecha presente, el artículo de Torres ha sido removido de los enlaces electrónicos por el periódico El Nuevo Día, y no me fue posible archivarlo antes de su remoción. Sin embargo, y finalmente, encontré una copia de su texto en la página del Partido Independentista del municipio de Rincón, con el cual hago el enlace de marras.)

Hago referencia a estos artículos porque me permiten ilustrar, y lo señalo con todo respeto, mi preocupación por la difusión en Puerto Rico de lo que he querido llamar la miseria del análisis y el debate intelectual, particularmente por parte de la llamada izquierda, o quienes se piensan o sienten afines a esa etiqueta. Ambos artículos, cada uno por razones muy distintas, reflejan la indigencia intelectual y política del llamado "sector puertorriqueñista" del espectro ideológico de la Isla. 


El artículo de Sánchez ("Wico", como le llaman sus amistades cercanas) cumple veladamente la función de proteger la retaguardia del 
Partido Popular Democrático (PPD), que como "Hamlet ñangotado en el batey" —lamenta el escritor, acudiendo a uno de sus tropos geniales—, duda "entre si fomentar la gringosidad o si amenguarla". Torres, por su parte, destaca la confusión agónica entre los sectores que reclaman ser independentistas (los llamados "melones") mientras apoyan, de manera consecuente, al PPD, organización que —no debe olvidarse— promueve la preservación de la presente relación jurídico-política de Puerto Rico con Estados Unidos, es decir, el estado colonial. Para estos sectores, indica Torres, "la Nación está en peligro y vamos a dejar de ser boricuas".

En su artículo, el veterano periodista revela con sencillez y claridad, el simplismo de las posturas inspiradas en el nacionalismo decimonónico del PPD y sus melones atribulados. Aun aquellos melones de hoy, que se formaron en las teorías que sostenían la importancia de la economía para todo lo demás que ocurre en una sociedad, no acaban de entender esta Isla en su conjunto. No hay cubierta de retaguardias en el artículo de Torres, sino la desnudez, o la admisión si se quiere, de las tribulaciones fatales de un sector destinado a disolverse en el inmovilismo colonialista, mientras espera —describe el autor— el glorioso regreso del PPD al gobierno, "no importa quién lo diriga ni con qué agenda", con tal de salvar la "Nación boricua".

Vayamos directamente a la miseria y los melones. En primer lugar, me temo que los que militamos, en las décadas del setenta y del ochenta, en el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y la Federación Universitaria Pro Independencia (FUPI), ambos de orientación marxista leninista, con el nacionalismo como carta adicional de presentación, somos responsables, al menos en buen grado, aunque definitivamente no de manera exclusiva, de la miseria intelectual y analítica que pretendo denunciar. Digo esto porque el análisis y la estrategia de lucha en contra de la estadidad se nutrió en buena medida de las posiciones que estas formaciones políticas introdujeron en el seno del independentismo.

A fines de los setenta y principios de los ochenta fue adoptada por estas organizaciones, no sin largos debates que anticipaban la futura división y debilitamiento fatal de ambas, una política de alianzas con los presuntos sectores autonomistas del PPD, con miras "a detener la estadidad". Su objetivo era coagular una gran alianza "puertorriqueñista" en contra de la "estadidad inminente". Evidentemente, se partía del reconocimiento de un sentimiento nacionalista, o de cierto etnocentrismo boricua, que era manipulable para "detener" la estadidad, mover al PPD a respaldar una fórmula política que dejara la puerta abierta a la Independencia, y eventualmente, alcanzar ésta y el socialismo, estas últimas metas en un sólo hechizo.

Para resumir años y debates, esa estrategia conllevó el apoyo al PPD en los eventos electorales de los 80 y los 90, de manera consistente. Diría que la estrategia degeneró en un respaldo totalmente acrítico a partir de las elecciones de 1992. El estado mental del melonismo llegó al punto de que la estrategia original funcionó al revés. El Partido Popular supo que podría contar con los melones, equivalentes a unos 30,000 electores más o menos, en cada evento electoral, sin necesidad de promover cambios de importancia al presente estado colonial.

El terror a la estadidad se convirtió en el "hombre del costal", en el "cuco", del melonismo. Aún a la altura de 2009, como lo comprueban el propio Sánchez en su artículo, las reacciones en Facebook a éste, así como el artículo de Torres, la confusión del melonismo perdura, mientras el apoyo del pueblo a la estadidad sigue avanzando.

La gran alianza "puertorriqueñista" ha pasado a ser un movimiento amorfo definido por principios nacionalistas, de diferentes gradaciones e intensidades. Estas gradaciones se caracterizan por el hecho de que la creación de un Estado-Nación no es visto como una necesidad, o una tarea historica que se deba realizar, por la vasta mayoría de quienes reclaman su orgullo étnico cultural.

Sin embargo, tienen su punto de encuentro en la estrategia de que todo aquél que se oponga al PNP es un aliado —el PPD es visto como un instrumento fundamental— y todo aquél que promueva ese partido, o favorezca la estadidad, debe ser destruido políticamente, alienado de la discusión pública, o demonizado, como en el caso evidente de Pedro Rosselló, ex-gobernador estadista de la Isla en el período del 1992 al 2000.

Como resultado del "junte" del corazón del rollo del PPD, es decir, los colonialistas de línea dura, con el melonismo nacido de la "izquierda", toman vuelo una serie de estrategias contaminadas de la falta de honestidad intelectual y míseras intelectualmente. Estas estrategias se manifiestan en la intolerancia y en la manipulación de la información como instrumento de ejecución.

Conforme a ello, la información, que de alguna manera afecta a lo que ha sido bautizado como "sector puertorriqueñista", o al PPD en particular, se trastoca, se evade, sólo se trata si es inevitable (doy como ejemplo los casos por corrupción de Aníbal Acevedo, ex-gobernador PPD del 2004 a 2008, ventilados ante los foros judiciales norteamericanos ), y en determinados casos, hasta se oculta. Por otro lado, toda información que tienda a favorecer "a los estadistas" se oculta, y todo aquello que les desfavorece se resalta con desproporción vergonzosa y hasta se maquilla para que luzca peor.

En ese juego de las verdades ocultas la objetividad se desvanece. La discusión pública, y la cubierta de las informaciones por los medios periodísticos, se convierten en la caja de resonancia de las peores garatas politiqueras, y de los tremendismos que saben articular muy bien los manipuladores de la información (los "cuadros de propaganda"), casi todos (por no decir "todos") buenos "melones", formados y "fogueados" en las virtudes, y vicios, de los años setenta y ochenta. Sus análisis rayan, con frecuencia marítima, en el simplismo kayakero; es decir, en el aventurerismo infantil de izquierdas.

Las mentiras se repiten, los cuestionamientos surgen de alegaciones sin fundamentos, y sin ellos, además, se asumen posiciones a sabiendas de su carencia de méritos, o como se dice de ordinario, sencillamente "por joder". Mal éste último, debo aclarar y reconocer, que aqueja a todos los sectores ideológicos, ya que en este tejemeneje de la demagogia ninguna de las tribus boricuas es una paloma inocente e impoluta. Se manifiesta así, y de manera generalizada, una miseria analítica en la discusión y debate público, que refleja una profunda falta de honestidad intelectual, y cuando no, crápulos intereses económicos, que lleva a muchos a preguntarnos si este mal boricua está en el aire, el agua o los genes.

Nadie sensato está contento con la situación de la isla estofada de Luis Palés Matos. Nadie piensa que vamos en la dirección correcta. Nadie puede alegrarse de la existencia de una corrupción que no es privativa de ninguna de las formaciones políticas, aunque se haya construido esa imagen y ese discurso con relativo éxito por los medios que controla el "puertorriqueñismo". Nadie puede alegrarse de la lumpenización del país a diversos niveles. Nadie debería estar contento con el control que ejerce lo que llamó Rosselló, atinadamente, la oligarquía colonial. Oligarquía que, después de todo, controla los medios de información, y obtiene grandes beneficios de la permanencia del estado colonial y de la inmovilidad política de la Isla.

No es honesta, sin embargo, la adopción y manifestación de posiciones sin evidencia o, cuando menos, el estudio de los datos básicos de determinados problemas; tampoco lo es el consabido disparo de la cintura; el análisis sin rigor. Son deshonestos y carentes de rigor, además, los análisis "maniqueos", conforme los cuáles, por ejemplo, todo lo que signifique atraer capital a una isla en bancarrota es parte de un gran operativo estadoísta para robarle al fisco; o conforme a los cuáles todo lo que aleguen los "cuadros" del "movimiento sindical" es correcto y motivado por su profundo altruismo; o conforme a los cuáles todo lo que implique un reconocimiento de valores democráticos o reconocimiento de posiciones o acciones meritorias de los "gringos", no es sino "pitiyanquismo". Todo ello, otra lastimosa manifestación de la miseria en el análisis y el debate intelectual; como han dicho otros, el análisis debe partir de reconocer y comprender la "complejidad" de la realidad.

En el contexto de todo lo anterior, afirmar, como lo hace Sánchez, que la problemática actual de Puerto Rico es producto de la administración de Luis Fortuño es, cuando menos, un error de perspectiva, por no querer adjudicarle al escritor, crápulas intenciones de manipular la realidad histórica.

Todos vivimos las administraciones inmediatamente anteriores, y particularmente infelices, de Sila Calderón y Anibal Acevedo Vilá, ambos gobernadores del PPD. Sánchez omite ese hecho incontrovertido. Estos gobernantes tradujeron la inmovilidad
 ideológica en inmovilidad total gubernamental. El "ningunismo" de origen plebisicitario —es decir, el no apoyar ninguna opción en un proceso electoral para escoger una forma definitiva de relación con los Estados Unidos— fue adoptado como filosofía política.

La mentira y el manejo de la "percepción" fueron perfeccionados como métodos para enfrentar a sus opositores. Por otro lado, si de tiburones se trata, hace muchísimo tiempo que el crapulario del Partido Popular se ha alimentado muy bien del fisco. La "destrucción" de la Isla ocurrió mucho antes de que pasara a ocupar su puesto el actual gobernador. Sánchez lo sabe.

La miseria del análisis de Sánchez radica, además, en atribuírle a la administración gubernamental de turno, PNP y estadista, por supuesto, la existencia de los "tiburones" como si las denuncias de Iván González Cancel, quien fuera candidato a la dirección del Departamento de Salud, excluyeran participantes de otras formaciones políticas en la charada. El asunto está por investigarse; la posición correcta y sensata es esperar por sus resultados.

Son tiempos de sobriedad y serenidad en los análisis. De saber anteponer la búsqueda de la verdad a las respectivas posiciones ideológicas, afecte ello a quien afecte, y sin que las simpatías por un nacionalismo
 light o uno estridente, o la antipatía hacia el estadoismo, sea el criterio determinante en los análisis, en el debate público, o en el manejo de la información por los medios periodísticos.

Son tiempos de afrontar los cambios necesarios para que este barrio en el Caribe se inserte efectivamente en los imparables procesos económicos globales. Los vertiginosos desarrollos de este nuevo milenio, no esperarán por Hamlet, mientras mira con nostalgia el pasado, e indecisión al futuro, ñangotado en un batey. Y eso, Sánchez también lo sabe.




Notas:

1. Crápula: según el Diccionario de la RAE, "Hombre de vida licenciosa."
2. Información sobre imágenes y fotos en orden de aparición: Foto "Máscara", tomada de Nuevo Teatro: Teatropedia; Foto de Luis Rafael Sánchez, tomada de catálogo de la 
Universidad de Wisconsin; Foto de Ismael Torres, tomada de página electrónica de Metro San Juan; reproducción fotográfica de "El Pan Nuestro" de Ramón Frade; "Homeless", foto tomada de Scrape TV News; Aníbal Acevedo Vilá y Hector Ferrer, líderes del Partido Popular Democrático, foto tomada de El Nuevo Día; Reproducción fotográfica de "Big Man", 2000, del artista hiperrealista Ron Mueck (Australian, b. 1958), tomada de página del Brooklyn Museum.

martes, 16 de octubre de 2012

El cielo ya no es lo mismo

Tomada de Wired, provista por Red Bull Stratos

'‘Sometimes you have to go up really high to see how small you are''
("A veces hay que subir muy alto para ver lo pequeño que eres")
Felix Baumgartner

Cuando el 14 de octubre de 2012 Felix Baumgartner se lanzó desde 128,100 pies de altura, unas 24 millas y media desde la superficie terrestre, no solo realizó una hazaña inverosímil que muy probablemente no será olvidada, ni superada, en decenas de años por venir. Este piloto y paracaidista austriaco hizo aun algo más.

Tras romper el record de salto libre en paracaídas de 1960, perteneciente a Joseph Kittingy de ser el primer ser humano fuera de una nave aérea que rompe la barrera del sonido, atravesando la estratósfera, ese segmento mixto entre el universo y la Tierra donde el campo gravitacional se transforma, y se paga con la vida el derecho de paso, Baumgartner nos hizo reflexionar a muchos sobre la valentía del ser humano como especie.

Nos recordó el tesón de esta especie en su aspiración constante de alcanzar nuevas fronteras; el hecho concreto de que, sin esos atributos, la historia de la Humanidad estaría estancada en las cavernas; y sobre todo, la sencilla verdad de que somos habitantes de un planeta inmenso, algo que, debido a nuestra vanidad y nuestras estrechas miras, sólo es comprensible desde una perspectiva visual y racional de 128,000 pies de altura, tal y como afirmó, tras su salto estratosférico, y probablemente con pretensiones menos reflexivas, este aventurero sin límites conocido como “Fearless Felix”, o “Félix, el valiente”.
Salto de Joseph Kitting en 1960.
 Foto cortesía de Wikipedia.
 

Admito que cuando me enteré del salto proyectado pensé que efectivamente el acto a realizarse, y las metas planteadas, eran admirables, pero los cuestionamientos de costumbre —y sumamente válidos, ¿cómo no?— tenían un peso mayor y definitivamente no se hicieron esperar.

Pensé que todos los recursos dedicados a la organización de este evento de mercadeo por Red Bull, la empresa de bebidas con áurea “extreme”, muy bien podrían ser destinados a otros asuntos de mayor urgencia para la población mundial. Pensé que lo mismo podría decirse de buena parte de las investigaciones científicas espaciales, o militares, promovidas por grandes corporaciones o las potencias dominantes en el presente orden económico mundial. 

Más aún, pensé que otro tanto debería ser exigido a las organizaciones deportivas profesionales, las cuales celebran jugosos eventos como la Copa Mundial de Futbol, las Grandes Ligas, la National Basketball Association, así como, digamos, al complejo entramado del Boxeo profesional. ¿Y qué tal si se unen a los esfuerzos las grandes cadenas televisivas y de prensa internacionales? O mejor aún, ¿qué tal si se conmueve a tales fines la sensibilidad, inspirada en la “apreciación estética”, de las sinuosas casas de subastas de arte y de otros objetos de valor?

La agenda sería larga en ese sentido. Vienen a la mente realidades tan terribles como las de Zimbabwe, Liberia, Burkina Faso, Turkmenistan, Djibouti, Namibia, Yemen, Nepal, Kosovo, Belarus, Lesotho, Senegal, Kenya, Haití, las Islas Marshall, la Franja de Gaza, Afghanistan, Irán, y tantos otros lugares del planeta azul.

Mientras observaba la hazaña de Baugmanster —mi pareja y yo la “seguimos” casi desde el principio a través de la página en Internet de Red Bull —, aunque no desaparecieron del archivo de datos mentales las reflexiones que ya mencioné, todos nuestros sentidos se concentraron, durante aproximadamente dos horas y media de transmisión, en el ascenso y posterior salto desde la frontera con el espacio.


Vistas hoy las cosas en perspectiva, y aunque mis preocupaciones siguen presentes, y me gustaría recibir información contundente acerca de la existencia de similares esfuerzos millonarios por parte de Red Bull, y de otros, que contribuyan a atenuar el sufrimiento y la miseria en, por ejemplo, algunas de las naciones africanas, lo cierto es que el impacto en mis emociones y pensamientos del salto de "Félix, el valiente" fue mayor que lo que yo mismo esperaba.


Al mirar el cielo despejado de esta mañana mientras paseaba mi perro, imaginé un pequeño punto blanco descendiendo desde la estratósfera. Comprendí en ese momento que Felix Baugmanster había sembrado en mí una ilusión nueva, una fe nueva en la voluntad de los seres humanos por continuar adelante frente a todo tipo de adversidad, para superar los mayores retos que le presente la vida, y para superarse, incluso, a sí mismos.

Este osado saltador desde lo imposible, golpeó directamente mis viejas ansiedades, y me invitó a reflexionar profundamente sobre mis temores, y —por qué no decirlo— mis demonios remanentes, como lo hiciera con él su sicólogo, Michael Gervais, para superar sus ataques de pánico por la condición de claustrofobia
 

Mientras caminaba, sin dejar de observar el firmamento, y evitando caídas inesperadas, comprendí que, al menos para mí, tras el salto de Baugmanster desde el límite entre la Tierra y el cosmos, el cielo ya no es lo mismo.