miércoles, 6 de octubre de 2010

Comentario y Enlace a Mario Vargas Llosa: La derrota de Chávez, publicado en EL PAIS.com


Ante los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado 26 de septiembre en Venezuela es imposible eludir la consideración de este excelente análisis de Mario Vargas Llosa publicado en El País.

De su exposición deseo destacar las siguientes expresiones:

"Se reprocha a la oposición venezolana carecer de líderes, no tener al frente a figuras carismáticas que arrebaten a las masas. Pero, cómo, ¿todavía hay que creer en los caudillos? ¿No han sido ellos, esos horripilantes payasos con las manos manchadas de sangre, embelecos inflados de vanidad por el servilismo y la adulación que los rodea, la razón de los peores desastres de América Latina y del mundo? La existencia de un caudillo carismático supone siempre la abdicación de la voluntad, del libre albedrío, del espíritu creador y la racionalidad de todo un pueblo ante un individuo al que se reconoce como ser superior, mejor dotado para decidir lo que es bueno y lo que es malo para todo un país en materia económica, política, cultural, social, científica, etcétera. ¿Eso queremos? ¿Que venga un nuevo Chávez a librarnos de Chávez?

Yo discrepo. Estoy convencido de que América Latina sólo será verdaderamente democrática, sin reversión posible, cuando la inmensa mayoría de latinoamericanos esté vacunada para siempre contra la idea irracional, primitiva, reñida con la cultura de la libertad, de que sólo un superhombre puede gobernar eficazmente y con acierto a esas mediocridades que somos el resto de los seres humanos, esos rebaños que necesitan buenos pastores que los conduzcan por el camino debido."


Destaco éste, entre otros muchos planteamientos fundamentales vertidos por Vargas Llosa en su artículo, debido a que describe con lucidez ese mal endémico de las sociedades latinoamericanas que es el caudillismo, así como la alternativa frente a éste: una cultura política de libertad. Dicho de otro modo, la alternativa de una cultura democrática. (Para continuar leyendo el resto de este comentario oprima “Leer más”)


Primitivo este apego al caudillo, este rasgo esencialmente testicular de la cultura política, que puede llevar al fenómeno de heredar presidencias. De ahí los Somoza en Nicaragua o los Duvalier en Haití, en el siglo pasado. Patético, por otro lado, si al caudillismo se le suma la selección, por los partidos políticos, de candidatos a puestos electivos, o la designación de alcaldes de municipalidades, a base de la sucesión hereditaria del líder o cacique fallecido.

Es evidente el gradual deterioro político del último caudillo latinoamericano, inspirado por un marxismo de panfletos, y viejos manuales soviéticos reciclados. Sin embargo, es necesario reconocer que, a pesar de su proceso de deterioro, Chávez aún logra manipular a grupos o sectores, principalmente aquellos socialmente marginados, mediante su ya conocida retórica populista, en la que mezcla nacionalismo, socialismo e indigenismo. Una fórmula peligrosa que, en un contexto de desesperación por el proceso de pérdida de respaldo político, podría llevar al chavismo a la instauración en Venezuela de una especie de nacionalsocialismo a la criolla. Es decir, la represión furibunda contra los elementos políticos de oposición, y la eliminación de toda institución que le impida continuar adelante como mesías de su proyecto: el “socialismo del siglo 21”.

El desarrollo de tal escenario es una posibilidad si se toma en cuenta la vocación dictatorial de Chávez, y el que desde un principio su discurso, aprovechando la ausencia de formaciones políticas que pudieran recoger el descontento de la ciudadanía venezolana, apeló a los sectores frustrados y oprimidos por los desgobiernos del pasado, que llevaron al fracaso la economía, y beneficiaron a sus regentes, producto de la ausencia de fiscalización, y controles efectivos, de un estado en manos de una minoría de sátrapas. Mal crónico éste de gran parte de Latinoamérica.

Pero dos males no constituyen una virtud, y el camino del autoritarismo chavista no es la ruta para el mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores oprimidos, el desarrollo económico, y la efectiva participación ciudadana. La ruta del cambio en Venezuela comienza con la defensa de los derechos democráticos de los ciudadanos venezolanos, y la extirpación del jurásico caudillismo. Por otro lado, el fracaso del modelo socialista es un hecho desde el 1989, aunque al caudillo por excelencia, Fidel Castro Ruz, y a los desgastados líderes del Partido Comunista y la dictadura en Cuba, les tomara más de 20 años reconocerlo, mientras Chávez ni se ha enterado.

Por ello, al considerar los resultados del pasado 26 de septiembre, los logros concretos de la oposición agrupada en La Mesa de Unidad Democrática, no se puede menos que celebrar —si bien aún con cautela— el avance de las fuerzas antidictatoriales en Venezuela.

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