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| Cortesía de El Vocero. Foto tomada por Sebastián Márquez el 1 de mayo de 2013. Todos los derechos reservados. |
"...
yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo,
y si se me escapa
alguna verdad de vez en cuando, la escondo
entre tantas mentiras, que es
difícil reconocerla”
Nicolás Maquiavelo
(Fragmento de carta al historiador
italiano
Francesco Guicciardini, mayo de 1521)
En una isla incestuosa como lo es Puerto Rico, donde todos se
conocen, y “cada cuál” está relacionado con “cada quién”, los poderes
económicos y políticos se entrecruzan en la sociedad, configurando una sórdida
madeja de vínculos familiares, amiguismos, partidismos, influencias, favoritismos,
indiferencias, hipocresías, cinismos y engaños.
Digo esto, porque las actuaciones del Gobernador de Puerto Rico,
Alejandro García Padilla, en sus primeros cinco meses en el cargo, evidencian
que esas sinuosas conexiones de familiares, amigos, y camaradas de partido, se
han concretado en una camarilla que formula una política pública a base de
concesiones —muchas de ellas inocuas— a diferentes sectores de la sociedad, de
engaños, y de actos abiertamente autoritarios.
No se debe perder de perspectiva que García Padilla es un
colonialista cuyo objetivo, y frame of
mind, parte del inmovilismo, promovido y apoyado por la rancia oligarquía criolla,
para impedir cualquier cambio a las relaciones entre Puerto Rico y Estados
Unidos.
Sin embargo, la inquietud en palacio es que la incompetencia de
García Padilla, existe, es real. Por esta razón, se la “esconde”, no solo “entre mentiras”, sino entre concesiones a
determinados sectores sociales, cuyos méritos no estoy evaluando en forma
alguna en este escrito.
Lo que resulta preocupante, sin embargo, es el hecho de que en el
arsenal político de García Padilla se encuentra un peculiar autoritarismo. Se
trata de un autoritarismo que se basa en un discurso de premisas lumpen, y en la imagen bullying boricua, lo que produce al final la caricatura de un gobernante
mediocre, arrogante, así como altamente nocivo y peligroso para el clima
democrático y la estabilidad del país. Lo que es peor aún es que este autoritarismo cuenta con la aprobación de los poderosos sectores
de la oligarquía que apoyaron la elección de García Padilla, y respaldan la agenda colonialista.
Por ello no deben ser pasados por alto algunos eventos ocurridos recientemente, pues podemos encontrarnos, después de todo, ante un tiranillo en
formación, un aspirante a caudillo que, en el proceso de tratar de ganar
galones, y defender el inmovilismo, no sólo haga uso de la demagogia, y los
dobles discursos, sino del autoritarismo y el discurso lumpenizado del bullying
boricua.



