jueves 16 de febrero de 2012

Violencia en Puerto Rico: tan clara como el agua

Para René es tan claro como el agua. Cuando en un país los delincuentes ya son capaces de acosar y dispararle a la policía, la cosa —afirmó con su acento de cubano oriental— ya no tiene remedio, la cosa se jodió mi hermano. “Por eso” —me dice— “me voy para Miami tan pronto tenga la primera oportunidad”.

René, este Zavalita atrapado en esta isla-jaula del Caribe, y cuyo nombre verdadero me reservo, afirma ‘llegué de Cuba hace 18 años, y me quisiera quedar, pero no se puede, entre la factura de la luz y las otras necesidades, y encima esta intranquilidad y esta violencia…”

“Uno busca calidad de vida”, me dice, “vivir y trabajar tranquilo en lo que sea decentemente”. Y es que René tiene sus prioridades muy claras, tan claras como las tenía cuando salió de Cuba hace más de 18 años. No hay aspiraciones aquí de autos de lujo, mansiones con piscina, ni mayordomos, ni damas de servicio que llevan los perritos a cagar el parque. Vivir tranquilo, feliz, en un ambiente democrático, es decir donde uno no sea perseguido o aislado por sus ideas.

Comentamos a manera de broma que Puerto Rico es una colonia, que cuenta formalmente con las libertades de la democracia liberal —lo cual no asegura que sean respetados consistentemente sus principios—, pretende ser capitalista, pero funciona como un sistema socialista donde se depende para todo del Estado y del gobierno, como ocurría en la Cuba que abandonó René, con la diferencia de que el gobierno lo financian los yanquis.

Es decir, se parte de la premisa de que el gobierno tiene que resolverlo todo, incluyendo el darle empleos a todos —aunque sea para mover papeles de un escritorio al otro— en lugar de promoverse la manufactura y la producción. Es decir, lo que llaman el sector primario de la economía, y cuya planificación a largo plazo no se atendió por depender de las 936 y de usar el gobierno para comprar votos. (1)

Ese esquema fue el que fracasó en Cuba, con el despido progresivo de 1,300,000 empleados del gobierno. Ese esquema es el fracasado en aquellos países europeos que pretendieron sostener unos beneficios sin generar los ingresos para costearlos.

Si a lo indicado por René se añade la información salida el 15 de febrero en El Nuevo Día digital, según la cual el 27% de la economía isleña se nutre del narcotráfico, y que según el Lcdo. Antonio Sagardía, los elementos que financian y se benefician en gran escala de toda esta operación residen en lugares como el Condado (un sector exclusivo en la zona turística de San Juan), y disfrutan de todos los privilegios que corresponden a sus altos ingresos, tenemos todos los elementos para el desastre perfecto.

Medidas tan sencillas —pero para muchos políticos tan inconvenientes— como la legalización y medicación de las drogas se han expuesto y repetido en cientos de ocasiones. Su consideración, estructuración y puesta en práctica es urgente, sin dudas.

Sin embargo, esta medida no es una panacea para la violencia que vive la sociedad puertorriqueña, sumida como está en el control de los espacios públicos no sólo por adictos, sino por pistoleros y traficantes de diversas escalas. Sencillamente, la legalización y medicación de las drogas conlleva unos procesos de por sí complejos, mucho más en un pesado y burocrático gobierno.

Reconozcámoslo. La sociedad puertorriqueña es violenta y esa cultura de la violencia se ha venido cuajando, particularmente desde los años 70, con la aquiescencia de sectores de la actividad cultural, la intelectualidad —con rarísimas excepciones—, y sobre todo, el izquierdismo y el nacionalismo, al defender y promover los íconos, así como la visión y actitud frente a la realidad, predominantes en los barrios marginales, sin asumir una actitud crítica, sin separar el grano de la paja. (Vea Puerto Rico: Violencia y Civilidad, del 20 de junio de 2010. Considere además el artículo de Gretchen Sierra-Zorita para The Christian Science Monitor titulado: As violent Puerto Rican drug trade seeps into mainland US, Washington must act.)

Con ello no limito la violencia de la sociedad puertorriqueña a la que emana del narcotráfico o los barrios marginales. Ya en una ocasión anterior señalé que el problema que plantea la violencia en la cultura puertorriqueña se manifiesta en diversos ámbitos, incluyendo la actividad político partidista. ("¡Gloria al Lumpen!: Puerto Rico demuestra su Civilidad".)

Puerto Rico precisa de enfrentarse con sus contradicciones y desenfoques. El primer reto es terminar el dilema de la relación colonial con los Estados Unidos, de modo que los recursos intelectuales y políticos sean dedicados a la atención de los problemas socioeconómicos de la Isla, y se tengan claras cuales serán las fuentes de financiamiento de los cambios estructurales que urgen sean realizados en la Isla.

El segundo reto es reconocer que, no importa cual sea la solución que se le dé al problema colonial, la sociedad, la convivencia colectiva, los servicios públicos (léase salud, educación, vivienda y transporte), así como, evidentemente, la economía puertorriqueña, están desbarrancados; y que su reedificación puede tomar una generación completa, es decir, unos veinte años.

En ese sentido, y como he señalado en tantísimas ocasiones anteriores, urge que todos los sectores —políticos, sociales, empresariales, comunitarios, sindicales, e intelectuales— abran las puertas a un diálogo realmente franco, realmente sincero, en el cual todas las partes estén dispuestas a ceder en sus estrechos intereses particulares para hallar avenidas de consensos.

Desafortunadamente, el lector mejor que yo sabe que las prácticas de colocar zancadillas inspiradas en las motivaciones políticas estrechas de cada cuatro años, o de tratar de lograr una victoria de “clase”, o de pretender demostrar que los discursos y las posturas conceptuales propias son las correctas, estarían rondando este esfuerzo, si es que se llevara a cabo. De nuestra parte sólo podemos lanzar la idea.

De algo si estoy seguro. Mi amigo René no se sentará a esperar el desarrollo de los acontecimientos en la isla-jaula boricua. De hecho, hoy lo ví en el estacionamiento de un supermercado local en el Condado. Su pasaje a Fort Lauderdale es para dentro de un mes. Sin regreso, por supuesto.

Nota:

1. Las 936 es el nombre con el que se conocían las compañías norteamericanas —principalmente farmacéuticas— que se instalaban en Puerto Rico y disfrutaban de una serie de beneficios contributivos bajo la sección 936 del Código Internas de los Estados Unidos.


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viernes 3 de febrero de 2012

Viajes imprescindibles antes del último aliento (fragmentos de publicación en proceso)


I

Recuerdos lácteos


antes de considerar asuntos que acaso deberíamos estar discutiendo todos y cada uno de los habitantes de este presunto archipiélago, no sólo los isleños, sino todos y cada uno de los habitantes de esto que llamamos planeta; antes de entrar de lleno a la urgencia, a la alarma sin dirección desde las vísceras y de nuestras mentes (la mía y la de tantos otros), vale la pena y es fundamental decir, afirmar, vociferar, que te amo y que estoy dispuesto incluso a morir en el intento, y que desde tus ojos construyo la ternura y la fortaleza, esas que inspiras, esas que provocas, esas… porque el universo lo redefiniste una noche de otoño, a no sé cuantos metros de altura, con vista a la ciudad y viceversa, y desde entonces fui irremediablemente tuyo, tal vez, y después de todo, fue esa experiencia el fundamento carnal de este amor predestinado a pesar de los años, a pesar de los senderos paralelos, a pesar de las pasiones calladas, y gracias al registro exacto de tu mirada en mi memoria sedienta de recuerdos, el tiempo pasa y mañana no existe, y tú eres mi presente, mi presente esencial, lácteo, mineral…


II

Vísceras bipolares


hace unos días en una conversación, a riesgo de que la espatarrada haya sido excesiva, y haya dejado abiertos todos los flancos, y haya revelado información —paranoia recurrente— que podrá ser usada en mi contra, descubrí que un par de viejos amigos por ahí andan, es decir, en las mismas, protegiendo flancos, cuidando la información que revelan y atiborrados como yo de medicamentos que no eliminan raíces pero al menos atienden las ramas, es decir las manifestaciones de una condición que no es condición ni enfermedad, sino un estado emocional que nada tiene que ver con la demencia sino con frustraciones acumuladas y sensibilidades acribilladas por entornos diversos y crueles, con gritos viscerales que aún no han podido brotar, que permanecen ocultos porque de manifestarse nos va —literalmente— la vida, y entonces comienzas a comprender los elementos que componen tu llamada condición, y descubres que no estás solo, que la poesía que se nutre de nuestras angustias y nuestras arduas victorias, no es aquella de los versos estructurados métricamente para satisfacción de académicos, muchos de los cuales nunca han hecho el amor, ni consigo mismos, o guardan mórbidos secretos en los viejos armarios heredados de sus hacendados ancestros, en esos peregrinos descubrimientos andaba cuando observaba las hojas como arena regada en el suelo del parque tras la lluvia, húmedas, calladas, quietas, en espera de la próxima ráfaga de viento, tranquilas y meditabundas, como en esas otras fases que yo y mis amigos compartimos, y se me ocurrió, no sé, que efectivamente para nada estamos solos, que somos como esas hojas innumerables, en espera de la próxima ventisca, en espera de poder sacar desde el fondo de nuestras bipolares vísceras toda la indignación acumulada, toda la sensibilidad amordazada, toda la poesía desesperada por nacer…

Eric Alvarez © 2012. Todos los derechos reservados.


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domingo 15 de enero de 2012

Los universos paralelos de Lorena y Karla: enlace con el artículo de Benjamin Torres Gotay "El jardín de los senderos que se bifurcan"

Enlazo con este artículo de Benjamín Torres Gotay en El Nuevo Día de este domingo titulado El jardín de los senderos que se bifurcan, título tomado atinadamente, por su contenido, de un cuento de Jorge Luis Borges. Sin dudas, el artículo de Torres Gotay es una contribución a la necesaria reflexión colectiva frente a la cultura de la violencia que se ve reflejada en las víctimas de "balas perdidas" en esta Isla, y de las cuales Karla Michelle Negrón Vélez ha sido la más reciente.

Por otro lado, no podemos sino agradecer al autor el llamar nuestra atención al hecho —paralelo— de las ejecutorias de Lorena Quiñones, una joven de 15 años, representante de Puerto Rico en las próximas Olimpiadas en Londres, ello ante la experiencia terrible del caso de Karla Michelle. Dos jóvenes, dos cursos paralelos, dos maneras distintas de triunfar frente a los retos de la vida, desafortunadamente, uno de ellos frente a la muerte vil.


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viernes 13 de enero de 2012

La Victoria de Karla Michelle

Karla Michelle Negrón Vélez, la joven puertorriqueña herida mortalmente por una bala perdida en la pasada despedida de año en San Juan, Puerto Rico, venció contrario a lo que se pueda pensar tras la determinación de su muerte cerebral en la tarde de hoy. Decirlo podría constituir un acto de cinismo, sino estuviéramos convencidos de que su muerte innecesaria, provocada por un acto despiadado de desprecio a la vida, y reflejo de problemas mayores de la sociedad puertorriqueña, siembra indignación y abre mentes, como el golpe de la campana mayor de una parroquia milenaria, o de las torres vigilantes de antiguas provincias.


Y pienso en la metáfora porque Karla Michelle vence en esta provincia en el medio del Caribe, ante la cual cabe decir como Joan Manuel Serrat en el caso de su pueblo blanco: “escapad gente tierna, que esta tierra está enferma, y no esperes mañana lo que no te dio ayer…”. Karla Michelle vence porque su sacrificio replantea vigorosamente a todos los componentes de esta sociedad enferma la necesidad urgente de actuar, sino se desea dejar como legado a las generaciones futuras, una lucha de tribus e individuos para quienes la vida de inocentes no tenga ningún valor.


¿Cuántas Karla Michelle necesitarán los políticos para en lugar de dar cara en actividades, y ocultar sus tramoyas personales, trabajar incansablemente en las funciones que le han sido delegadas? ¿Cuántas Karla Michelle necesitará el Departamento de Justicia para reestructurarse a tono con el tiempo presente y sus complejidades? ¿Cuántas Karla Michelle necesitará la Judicatura isleña para comprender que su papel ante el procesamiento criminal debe ser proactivo en la búsqueda de la verdad? ¿Cuántas Karla Michelle necesitarán las organizaciones profesionales, particularmente el Colegio de Abogados, para comprender que la justicia no se encuentra en romantizar la delincuencia y en la victimización de criminales desalmados? ¿Cuántas? ¿Cuántas? ¿Cuántas?


Karla Michelle venció. Venció al apuntar su dedo acusador, no hacia el hombre o la mujer que la hirió fatalmente, sino al replantear con la fuerza de todas las indignaciones, con su experiencia y la de sus seres queridos, la necesidad imperiosa de la lucha contra la descomposición social de Puerto Rico.


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martes 10 de enero de 2012

Más cerca de la vida

sólo
me retienen
a la vida

y tu amor
tu entrega
como un golpe
violento
del mar
sobre las rocas
de un acantilado
escondido
tras las salinas
que alguna vez fueron
por eso si alguna vez
decides irte
y efectivamente te vas
no iré tras de ti
con ojos llorosos
anclaré por el contrario
frente a alguna pequeña isla
y reconstruiré los secretos
de la seducción de la arena
y del amor marino entre las olas

sólo me retienen
a la vida
tus ojos grises y verdes y pardos
por los que después de todo
vale la pena morir
armado con ellos
navego entre la niebla
de mis infiernos
y enfrento
uno a uno
mis ardientes demonios
y al final del viaje
armado del embrujo
de tus mágicas pupilas
emerjo
menos suicida
más amante
más cerca de la vida
más distante de la muerte…

2012-1-10

Imagen y texto de Eric Alvarez

Eric Alvarez © 2012. Todos los derechos reservados.

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domingo 8 de enero de 2012

La criminalidad y el derecho a vivir en paz: comentarios a artículo del Juez Federal José A. Fusté

Las preocupaciones del juez presidente de la corte federal de distrito para el distrito de Puerto Rico, José A. Fusté, respecto a la violencia y la criminalidad en esta Isla, hacen evidente que la situación está fuera de control, y que urge una concertación por parte de todas las instituciones sociales, y los organismos de gobierno, capaz de producir un esfuerzo efectivo para enfrentar este complejo y enorme problema.

Es por lo anterior que he deseado enlazar aquí con el aldabonazo del Juez Fusté, publicado en El Nuevo Día del 7 de enero de 2012. Por otro lado, deseo comentar algunas inquietudes que despiertan en mí parte de los señalamientos de Fusté.

En un momento determinado Fusté señala:

Jueces, mis compañeros, nuestro trabajo es de 24 horas, 7 días a la semana. Vamos a exigirle a todos los componentes de nuestro sistema de justicia que nos respeten. Démonos a respetar por nuestra rectitud, laboriosidad y valor. No permitamos que la profesión legal nos dicte las pautas a seguir en la administración de la justicia. Nos toca a nosotros, no a ellos. Hagamos lo correcto, no permitamos que el poder político nos amordace o nos amenace con la renominación futura. Tenemos que concienciar a la ciudadanía.” [Itálicas del Quantum.]

Se trata de un planteamiento de unas implicaciones profundas y sumamente serias en cuanto al sistema de justicia en Puerto Rico, y el rol del poder político en la reproducción de la actividad criminal en la Isla.

Todos lo sabemos. Las redes de la criminalidad y la corrupción han llegado a niveles que todos conocen, todos comentan por lo bajo, y nadie expone directamente por las represalias que pueden ir desde el ostracismo hasta la pérdida de la vida. Los comentarios son diversos: abogados “criminalistas” que cobran altas sumas porque incluyen una supuesta partida para el juez a cargo del caso; abogados que funcionan como empleados a sueldo de los grupos de narcotraficantes; y la consabida corrupción de los cuerpos policíacos.

Pero el comentario de Fusté es más amplio y apunta a la corrupción y los vínculos de las redes criminales con el “poder político” que nomina y confirma a los jueces. Implícito en su planteamiento está el hecho de que quienes controlan los procesos de designación de jueces en Puerto Rico están altamente contaminados por la corrupción criminal.

Por otro lado, señalar, como lo han hecho algunas personas, que Fusté pretende engañar a los ciudadanos al pedirles que colaboren en la lucha contra la criminalidad, no sólo porque éstos pondrían en riesgo sus vidas, sino porque quien tiene la responsabilidad de llevar a cabo esa tarea, y llegar hasta los “pejes gordos” —me parece tan simplista la frasecita—, es el gobierno.

Es sencillo. Bajo esa lógica, cuajada posiblemente saboreando copas de scoth, o de vino tinto —“hay una buena cosecha australiana…”— en las alturas borinqueñas, la mujer maltratada no debe denunciar al esposo agresor, o la menor violada no debe delatar al padre incestuoso, ni los chicos de la barra debieron dar la descripción del individuo que invitó a su vehículo al joven homosexual, Jorge Steven López, para luego asesinarlo y decapitarlo. La debilidad de tales posiciones que invitan a la no colaboración es evidente, y constituyen, cuando menos, una distorsión del artículo de Fusté, así como un desatino respecto a lo que debe ser el objetivo común de los ciudadanos de Puerto Rico en estos momentos aciagos. Lo que me trae, nuevamente, al tópico de la concertación.

Cuando en Euskadi (el País Vasco en España) aumentaron las acciones terroristas de los comandos de Euskadi Ta Askatasuna (ETA, “tierra vasca y libertad”), toda la sociedad española, incluyendo la mayoría de la ciudadanía vasca, se lanzó a las calles, levantó sus voces a través de los medios de comunicación, y presionó a los funcionarios de gobierno. Este accionar de las fuerzas de la sociedad, conjuntamente con gestiones políticas concretas por parte del gobierno de España, produjo el que la ETA abandonara el terrorismo definitivamente como medio de acción política. El abierto rechazo popular al terrorismo de la ETA fue esencial para la posición adoptada por esa organización y el éxito de las medidas tomadas a nivel gubernamental.

En Puerto Rico queda mucho por andar antes de que se pueda lograr una verdadera concertación de la sociedad, habida cuenta de sus divisiones fanáticas. A ello se une el hecho de la corrupción y de la putrefacción que está presente en las instituciones de gobierno, sin negar con ello los esfuerzos de un grupo reducido y dedicado de funcionarios dirigidos a dar al traste con esa realidad.

Por otro lado, Puerto Rico, desde la época colonial española, es melaza y contrabando. Ahora, narcotráfico. Y en el medio de todo, la glorificación de la violencia —Maelo asegura que le dará un puño a su mujer y René se agarra los testículos(1)—, la exaltación del gueto como fundamento de identidad, y medio para la manifestación del rechazo al yanqui, a lo extranjero. Puerto Rico es ¡songo! ¡Songorocosongo! ¡Tucututratucutrá, tucututratucutrá!

No obstante todo lo anterior, la gravedad de la situación debería mover la sensibilidad del pueblo, por un lado, y del liderato de las instituciones de toda índole en la Isla, por el otro, para comenzar a remar en una sóla dirección ante el enorme y complicado problema de la criminalidad y la violencia. De lo contrario, se dejará a las generaciones futuras una sociedad en donde imperará la violencia, y la cual carecerá de una estructura de ley y orden que defienda los derechos de cada uno, particularmente el derecho a vivir en paz.

Notas:

1. Ismael Rivera, “el sonero mayor”, destacado cantante de “salsa” de mediados del siglo pasado hasta fines de los años ’80, y René Pérez, la figura central del dúo de “música urbana”, Calle 13.


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