domingo, 15 de enero de 2012

Los universos paralelos de Lorena y Karla: enlace con el artículo de Benjamin Torres Gotay "El jardín de los senderos que se bifurcan"

Enlazo con este artículo de Benjamín Torres Gotay en El Nuevo Día de este domingo titulado El jardín de los senderos que se bifurcan, título tomado atinadamente, por su contenido, de un cuento de Jorge Luis Borges. Sin dudas, el artículo de Torres Gotay es una contribución a la necesaria reflexión colectiva frente a la cultura de la violencia que se ve reflejada en las víctimas de "balas perdidas" en esta Isla, y de las cuales Karla Michelle Negrón Vélez ha sido la más reciente.

Por otro lado, no podemos sino agradecer al autor el llamar nuestra atención al hecho —paralelo— de las ejecutorias de Lorena Quiñones, una joven de 15 años, representante de Puerto Rico en las próximas Olimpiadas en Londres, ello ante la experiencia terrible del caso de Karla Michelle. Dos jóvenes, dos cursos paralelos, dos maneras distintas de triunfar frente a los retos de la vida, desafortunadamente, uno de ellos frente a la muerte vil.

domingo, 8 de enero de 2012

La criminalidad y el derecho a vivir en paz: comentarios a artículo del Juez Federal José A. Fusté


Las preocupaciones del juez presidente de la corte federal de distrito para el distrito de Puerto Rico, José A. Fusté, respecto a la violencia y la criminalidad en esta Isla, hacen evidente que la situación está fuera de control, y que urge una concertación por parte de todas las instituciones sociales, y los organismos de gobierno, capaz de producir un esfuerzo efectivo para enfrentar este complejo y enorme problema.

Es por lo anterior que he deseado enlazar aquí con el aldabonazo del Juez Fusté, publicado en El Nuevo Día del 7 de enero de 2012. Por otro lado, deseo comentar algunas inquietudes que despiertan en mí parte de los señalamientos de Fusté.
Se trata de un planteamiento de unas implicaciones profundas y sumamente serias en cuanto al sistema de justicia en Puerto Rico, y el rol del poder político en la reproducción de la actividad criminal en la Isla.

Todos lo sabemos. Las redes de la criminalidad y la corrupción han llegado a niveles que todos conocen, todos comentan por lo bajo, y nadie expone directamente por las represalias que pueden ir desde el ostracismo hasta la pérdida de la vida. Los comentarios son diversos: abogados “criminalistas” que cobran altas sumas porque incluyen una supuesta partida para el juez a cargo del caso; abogados que funcionan como empleados a sueldo de los grupos de narcotraficantes; y la consabida corrupción de los cuerpos policíacos.

Pero el comentario de Fusté es más amplio y apunta a la corrupción y los vínculos de las redes criminales con el “poder político” que nomina y confirma a los jueces. Implícito en su planteamiento está el hecho de que quienes controlan los procesos de designación de jueces en Puerto Rico están altamente contaminados por la corrupción criminal.

Por otro lado, señalar, como lo han hecho algunas personas, que Fusté pretende engañar a los ciudadanos al pedirles que colaboren en la lucha contra la criminalidad, no sólo porque éstos pondrían en riesgo sus vidas, sino porque quien tiene la responsabilidad de llevar a cabo esa tarea, y llegar hasta los “pejes gordos” —me parece tan simplista la frasecita—, es el gobierno.

Es sencillo. Bajo esa lógica, cuajada posiblemente saboreando copas de scoth, o de vino tinto —“hay una buena cosecha australiana…”— en las alturas borinqueñas, la mujer maltratada no debe denunciar al esposo agresor, o la menor violada no debe delatar al padre incestuoso, ni los chicos de la barra debieron dar la descripción del individuo que invitó a su vehículo al joven homosexual, Jorge Steven López, para luego asesinarlo y decapitarlo. La debilidad de tales posiciones que invitan a la no colaboración es evidente, y constituyen, cuando menos, una distorsión del artículo de Fusté, así como un desatino respecto a lo que debe ser el objetivo común de los ciudadanos de Puerto Rico en estos momentos aciagos. Lo que me trae, nuevamente, al tópico de la concertación.

Cuando en Euskadi (el País Vasco en España) aumentaron las acciones terroristas de los comandos de Euskadi Ta Askatasuna (ETA, “tierra vasca y libertad”), toda la sociedad española, incluyendo la mayoría de la ciudadanía vasca, se lanzó a las calles, levantó sus voces a través de los medios de comunicación, y presionó a los funcionarios de gobierno. 

Este accionar de las fuerzas de la sociedad, conjuntamente con gestiones políticas concretas por parte del gobierno de España, produjo el que la ETA abandonara el terrorismo definitivamente como medio de acción política. El abierto rechazo popular al terrorismo de la ETA fue esencial para la posición adoptada por esa organización y el éxito de las medidas tomadas a nivel gubernamental.

En Puerto Rico queda mucho por andar antes de que se pueda lograr una verdadera concertación de la sociedad, habida cuenta de sus divisiones fanáticas. A ello se une el hecho de la corrupción y de la putrefacción que está presente en las instituciones de gobierno, sin negar con ello los esfuerzos de un grupo reducido y dedicado de funcionarios dirigidos a dar al traste con esa realidad.

Por otro lado, Puerto Rico, desde la época colonial española, es melaza y contrabando. Ahora, narcotráfico. Y en el medio de todo, la glorificación de la violencia —Maelo asegura que le dará un puño a su mujer y René se agarra los testículos(1)—, la exaltación del gueto como fundamento de identidad, y medio para la manifestación del rechazo al yanqui, a lo extranjero. Puerto Rico es ¡Songo! ¡Songorocosongo! ¡Tucututratucutrá, tucututratucutrá!

No obstante todo lo anterior, la gravedad de la situación debería mover la sensibilidad del pueblo, por un lado, y del liderato de las instituciones de toda índole en la Isla, por el otro, para comenzar a remar en una sóla dirección ante el enorme y complicado problema de la criminalidad y la violencia. De lo contrario, se dejará a las generaciones futuras una sociedad en donde imperará la violencia, y la cual carecerá de una estructura de ley y orden que defienda los derechos de cada uno, particularmente el derecho a vivir en paz.

Notas:
1. Ismael Rivera, “el sonero mayor”, destacado cantante de “salsa” de mediados del siglo pasado hasta fines de los años ’80, y René Pérez, la figura central del dúo de “música urbana”, Calle 13.

martes, 3 de enero de 2012

BALAS

Durante la despedida del año 2011 Karla Michelle Negrón Vélez, una joven de 15 años, fue víctima de una bala perdida, una de muchas disparadas esa madrugada, sobre todo en los barrios marginales de Puerto Rico, asediados por bandas de pistoleros y narcotraficantes de poca monta, al servicio de los grandes “bichotes” que controlan esa actividad en la Isla. La bala de la que Karla fue víctima se alojó en su cabeza. Al momento de escribir estas líneas, Karla se debate entre la vida y la muerte, mientras su padre y su madre, Carlos Manuel Negrón y Evelyn Vélez, oran y aguardan. Por otro lado, los responsables de efectuar estos disparos sin consideración alguna a la vida humana no han sido identificados.

Acción se pide a gritos —no sin razón— por amplios sectores de la sociedad para enfrentar la violencia y la criminalidad en la Isla. Sin embargo, la Isla padece de una balcanización, como producto en principio —pero no únicamente— de la política partidista, que lleva a que los intereses tribales prevalezcan sobre la discusión abierta y franca del problema, y sus posibles soluciones. Colocar zancadillas al opositor se convierte en la prioridad absoluta de cada una de las tribus. Mientras tanto, quienes dispararon la bala que hirió a Karla Michelle, sean éstos mayores o menores de edad armados hasta los dientes, campean libremente por las calles de la extendida red urbana de la Isla.

El problema de la cultura de la violencia en Puerto Rico se ha venido cocinando a través de los años. Como he planteado en otras ocasiones (1), la cultura de la violencia —y la falta de civilidad— que vivimos hoy es producto de su glorificación durante los años ’70 y ’80, particularmente por las formaciones políticas de izquierda y nacionalistas. Desde esas perspectivas, por un lado, se sostenía que había que entender que 'estos sectores de las "masas" manifestaban su frustración y su violencia contra la sociedad en general, por no saber a dónde dirigirla, debido a que no existían "los instrumentos de lucha" para encauzar esa violencia contra sus "enemigos" de clase y el imperialismo'. Por el otro, se glorificaban la aspiración a la pobreza, la ilegalidad, y la marginalidad como manifestaciones del rechazo al “sistema”.

A ello se une el hecho de que lo “lumpen”, y las actividades vinculadas a estos grupos en los residenciales públicos de la Isla, fueron romantizados y utilizados como parte del discurso populista de todos los sectores políticos, al ritmo del reggaeton, de los años ’90 en adelante.

El reto de la sociedad puertorriqueña radica en vencer los fanatismos tribales; en promover la integración del poder económico y la aceptación de su responsabilidad social; la redefinición de las prioridades gubernamentales; y la evaluación de las labores de las llamadas organizaciones no gubernamentales.

Sólo un esfuerzo militante de todos los sectores vivos de la sociedad puertorriqueña, sin temor a los resultados del ejercicio del criterio objetivo, y en el que la glorificación de la violencia, la pedofilia, y la marginalidad armada sean claramente rechazados, ayudará a encaminar la lucha contra la violencia de "la calle".

Por otro lado, es evidente que todavía quedan cuentas por ajustar en los planos oligárquicos isleños, de los cuales se dice en "la calle” que algunos de sus integrantes son objeto de investigaciones por las autoridades del gobierno de los Estados Unidos. Este factor no debe ser subestimado. De ser ciertos los rumores que se han escuchado en ciertos “corillos”, los resultados de estas investigaciones podrían ser profundamente impactantes para toda la sociedad puertorriqueña.

Antes de concluir es necesario señalar que el famoso vídeo que circuló en las redes de Internet y que recoge los disparos de rifles de asalto y pistolas automáticas, aparentemente desde el residencial Covadonga en el municipio de Trujillo Alto, hacia el sur de San Juan, no logra ser rebatido por los reclamos de los líderes de esa comunidad. Estos últimos han alegado que, aunque aceptan que se realizaron disparos, se encontraban filmando una película (¿el 31 de diciembre de 2011?) y que las armas eran de balas de salva.

Para demostrar esto último nos presentan a una testigo de unos 18 años quien nos indica con lujo de detalles en qué se diferencia una pistola automática de una pistola de salva, y nos señala por donde salen las balas en una y otra. Sin dudas es impresionante su nivel de conocimiento de estos temas. Ello nos hace preguntarnos de dónde emana, dónde fue adquirido, este especializado conocimiento. Pobre defensa la presentada por los líderes comunitarios de Covadonga.

Finalmente, roguemos por la vida de Karla Michelle, hija de Carlos y Evelyn, e hija adoptiva de aquellos ciudadanos puertorriqueños para los cuales el cinismo y la indiferencia no se han convertido en su visión de mundo y la manera de relacionarse con el prójimo, con los otros.

(1) ¡Gloria al Lumpen!: Puerto Rico demuestra su Civilidad;

Puerto Rico: Violencia y Civilidad