domingo, 25 de marzo de 2012

Lavado de dinero

El último golpe asestado por las autoridades federales de los Estados Unidos contra el lavado de dinero del narcotráfico y el fraude bancario en Puerto Rico (el llamado caso Pina), comprueba que estos organismos, incluyendo el Buró Federal de Investigaciones (mejor conocido como FBI por sus siglas en inglés), se encuentran sumamente activos en su esfuerzo por sanear las actividades de negocios altamente regulados, ir desmontando el complejo entramado de lavado de dinero, que alcanza a prominentes miembros de la sociedad boricua, y seguir atacando la corrupción política.

Por otro lado, tienen razón aquellos que, en un gesto de justa indignación, criticaron enérgicamente a las voces que aparecieron de inmediato en la farándula isleña colonial a defender, y proclamar prácticamente como héroe y luminaria de la actividad artística local, al llamado Raphy Pina. Sin embargo, la historia es aún más compleja que lo que trasluce de los informes de prensa y el pliego acusatorio del Departamento de Justicia Federal.

La aparentemente inocua participación del ex—agente de seguros Raúl Morales Guanill, dedicado en los últimos años al negocio de bienes raíces, y quien había canalizado su amplia cartera de clientes, sobre todo sus presuntos inocentes prospectos del negocio de seguros, a través de su cónyuge, plantea interrogantes fundamentales.

Esta industria, particularmente en el área de seguros con componentes de inversión, y en el área de las llamadas anualidades, es altamente regulada y fiscalizada por una sencilla razón: por años ha sido un mecanismo utilizado para el lavado de dinero articulando diversos esquemas aprovechando la manera en que están diseñados estos productos. A ello se une la utilización de la inversión en el mercado de valores a través de casas de corretaje las cuales no siempre llevan a cabo la tarea —que les es requerida por los organismos reguladores— de evaluar y "conocer a su cliente".

Si estuviera en mis manos aportar un ángulo de investigación al lavado de dinero del narcotráfico en Puerto Rico, definitivamente no pasaría por alto estas industrias.

En ese sentido, las acusaciones de Raphy Pina, Orlando Javier Sierra y Wilson Álvarez Luna Mercado no cobran tanta importancia, como la que plantea, desde la perspectiva de los sectores acomodados, y que han presentado ante la sociedad una falsa imagen de pulcritud, la acusación contra el empresario Raúl Morales Guanill, tantas veces premiado en Puerto Rico y Estados Unidos por la compañía Equitable por su producción en la venta de seguros de cientos de miles de dólares, cuyo origen uno no puede sino cuestionarse.

El arresto de Morales Guanill es una pieza de evidencia para quienes han levantado su voz de alarma ante el rol de los empresarios, en altas posiciones de poder, en las actividades vinculadas al trasiego de drogas y el lavado de dinero producto del narcotráfico.

Ante estos hechos, y los posibles desarrollos de otras investigaciones en curso, debe ser total y firme el apoyo a las autoridades federales que, sin prisa, pero sin pausa, se han dedicado a desenredar esta compleja madeja la cual, con toda probabilidad, roza sectores de la alta clase empresarial y de la oligarquía criolla. Tal vez, como producto de estos esfuerzos, en algún momento “Puerto Rico temblará”.

Nota:

Foto tomada de EntérateRD.com

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