lunes, 21 de junio de 2010

Libros del crepúsculo: Monsiváis y Cuba


Libros del crepúsculo: Monsiváis y Cuba

Excelente nota de Rafael Rojas sobre Carlos Monsiváis, acompañada de un texto de éste último publicado en Letras Libres en 1999.

domingo, 20 de junio de 2010

Puerto Rico: Violencia y civilidad




En esta ocasión coincido con la crítica expuesta por la escritora Mayra Montero, en su último artículo en "La Revista" de El Nuevo Día, a la manera en que son tratados por los medios informativos los actos de violencia contra la mujer. (Adelanto que la inclusión aquí del vídeo de la interpretación de Ismael Rivera del número salsero "Si te cojo", es prueba de cargo y no un acto de cinismo contra lo expuesto por la Sra. Montero.)

De su artículo me interesan particularmente estas expresiones, con las que coincido plenamente:

"¿Qué mensaje están recibiendo los agresores potenciales, esos que ahora mismo maquinan el castigo que le darán a la desobediente? Nadie les ha enseñado nada mientras están creciendo. Al contrario, la educación que reciben los varones, niños y adolescentes, está llena de prejuicios y de ideas de control. La propia madre (muchas veces no es ni siquiera el padre), le enseña al “varoncito” que su voluntad es ley en la casa; que la mujer (en este caso ella, la que tiene más próxima), está a su lado para complacerlo, y que las hembras son seres que han venido al mundo en actitud de sumisión y de inferioridad. Culicagados de 14 ó 15 años empiezan por insultar o amenazar a sus novias de la misma edad. Son los muchachos que luego, con 20 o 25 años, deciden que “a esa cabrona” le darán dos tiros."

Como botón de muestra de lo anterior, basta recordar el motivo principal, el estribillo esencial, de la canción interpretada por el salsero Ismael Rivera en el vídeo que encabeza este artículo: "[S]i te cojo coqueteándole a otro, ya veras que trompada te vo a pegar, Si te cojo guiñándole a otro, un piñazo en un ojo te vo a dar". Hay que señalar que Rivera y sus canciones fueron adoptadas por el independentismo y la izquierda como uno de los íconos de la nacionalidad y la cultura puertorriqueña, particularmente desde fines de los años '70.

De hecho, y precisamente en el contexto planteado por la Sra. Montero, no sólo me llamaron la atención, sino que me preocuparon profundamente, unas expresiones recientemente "posteadas" en Facebook por un abogadillo de altas libras y radicales convicciones socialistas, en las que destacaba que preferiría llamar "cabrona", en lugar de "bruja" a la ex-juez Ygri Rivera, presidente de la Junta de Sindicos de la Universidad de Puerto Rico.

Las expresiones del señor letrado constituyen una manifestación adicional de la violencia que prevalece en la sociedad puertorriqueña, particularmente contra la mujer, y reflejan además la carencia de civilidad, es decir de respeto y tolerancia, en el contexto del debate público y político.

En otro artículo del Quantum de la Cuneta, señalé hace unos meses que enfrentamos una situación en la cual:

"[A]ctitudes y valores, que van desde la manera en que se entienden y expresan las relaciones entre géneros y la sexualidad, hasta las visiones y maneras en que se manifiestan las posiciones presuntamente políticas sobre determinados problemas o sujetos, se caracterizan por la violencia, el maltrato, el machismo sexista y la agresión. En suma, podría señalarse que se acentúa la deshumanización e irracionalidad en las relaciones entre los individuos."

Es alarmante la proliferación de este conjunto de conductas violentas, de agresión al Otro, asumidas desde las perspectivas particulares, sean estas de género, de orientación sexual, políticas o de posición en la sociedad. El respeto a las diferencias y a la diversidad, tan necesarios para la preservación de los espacios democráticos, desparecen en esta asfixiante y hacinada vorágine insular.

Por mi parte, a diferencia de la Sra. Montero, no estoy tan seguro de que la educación de género vaya a ser la solución a esta crisis de violencia y ausencia de civilidad, en la que se hunde la Isla. Confieso, sin embargo, que quisiera equivocarme.

Por lo pronto, no estaría de más enfrentar de una manera más crítica la cultura de la sociedad puertorriqueña a la altura del siglo 21. Ello, sin temer al monstruo que pueda estar al final de la cueva, y mucho menos a las posibles y tal vez únicas alternativas para vencerlo ya de una vez.

domingo, 13 de junio de 2010

Arizona y Puerto Rico: Antes de que deje de ser domingo II


Rechazar por racista y discriminatoria la famosa ley adoptada en el estado de Arizona es, justificadamente, un lugar común en estos días. El propio Presidente Barack Obama se expresó en contra de la legislación tan pronto fue aprobada. Evidentemente hay aquí mucho de reacción desesperada frente al trasiego de armas, el narcotráfico y la violencia vinculada con estas actividades.

Sin embargo, el problema consiste en que la legislación abre las puertas a la intervención con todo aquél con rasgos hispanos. Tarea que algunos funcionarios que estarán en el "field" a cargo de ejecutar la ley han criticado, ya que consideran que afectará la confianza en ellos por parte de la comunidad hispana, lo que dificulta a su vez sus tareas de vigilancia y prevención de las actividades criminales.

En su
última columna en El Nuevo Día, la escritora y periodista Mayra Montero, utiliza este evento para repetir la añeja posición del nacionalismo puertorriqueño, así como de los defensores de la permanencia del estado colonial de Puerto Rico, de que los Estados Unidos nunca admitirán un estado hispano. Su argumento básico: los hispanos son rechazados por la clase poltica en los Estados Unidos . (Hago la observación de que si de estados hispanos se trata, ya los Estados Unidos cuentan con por lo menos cinco de ellos: Nuevo México, Arizona, Texas, California y la Florida.)

La posición de Montero refleja no sólo una visión estática de la realidad y los procesos sociopolíticos, sino que obvia lo evidente. Como ya he dicho en otros comentarios, el hecho es que la población hispana va adquiriendo una relevancia cada vez mayor en los Estados Unidos. Como cuestión de hecho, los cambios demográficos y sociopolíticos en Estados Unidos han impactado la política y las instituciones democráticas, tanto como para que tenga al primer presidente negro (e hijo de inmigrante, de paso) en la historia y a una puertorriqueña, la juez Sonia Sotomayor, como parte de su Tribunal Supremo.

Como he indicado en otro
lugar, el siglo 21 ha traído consigo el fenómeno de que "[la] clase política estadounidense ha iniciado el proceso de aceptar el principio de que el elemento unificador del país es el respaldo a los valores y derechos democráticos consignados en la Constitución. Como producto de ese proceso se va configurando con mayor fortaleza una nueva visión del “ser ciudadano” en los Estados Unidos." Para una discusión más amplia de este tema refiero con todo respeto al lector a un artículo anterior en este blog titulado “Revisiting" La Nominación de Sotomayor por Obama: El Nuevo “Ser Ciudadano”.

No paso por alto la existencia de elementos conservadores y reaccionarios —casualmente aquellos que movilizan contra la estadidad los cabilderos del Partido Popular Democrático, creyente en mantener el estado colonial— agarrados con desesperación a su ideas nacionalistas y xenofobicas. Sin embargo, estos sectores, como es el caso del movimiento del Tea Party, se enfrentan a una realidad de cambios demográficos y de crecimiento de las minorías que, en todo caso, a lo que apunta es a la necesidad de respetar y reconocer la diversidad. (Para un interesante análisis sobre este tema vea los artículos Whose Country Is It? de Charles M. Blow del New York Times y Whites Are on Verge of Becoming a Minority Among Newborns in Long-Expected Shift de Conor Dougherty en WSJ.com.)

Si los Estados Unidos rechazarán o no la admisión de Puerto Rico como estado es un asunto que sólo el devenir histórico contestará, y que dependerá en buena medida de que la oligarquía criolla pueda seguir justificando y protegiendo el estado colonial presente. Sin embargo, es un ejercicio demagógico utilizar el evento de la reciente ley aprobada en Arizona, para armar una narración que pretende sostener la imposibilidad futura de formalizar (y democratizar) la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos a través de la estadidad, es decir la integración política al sistema federal norteamericano.

Finalmente, hay situaciones que no dejan de ser simpáticas, y en el caso del artículo de Montero, en parte patéticas. Mientras la escritora narra el rechazo absoluto a los hispanos en los Estados Unidos, el periodista José Delgado publica en la página 67 del mismo periódico, y en la misma fecha, un reportaje dedicado a los 52 años de la celebración ininterrumpida del desfile de los puertorriqueños en Nueva York. Evento que se llevaría a cabo nuevamente en el día de hoy y al cual se esperaba la asistencia de dos millones (2,000,000) de puertorriqueños.

Vaya con el rechazo a los hispanos en los Estados Unidos, ¿no le parece Sra. Montero?