domingo, 20 de junio de 2010

Puerto Rico: Violencia y civilidad




En esta ocasión coincido con la crítica expuesta por la escritora Mayra Montero, en su último artículo en "La Revista" de El Nuevo Día, a la manera en que son tratados por los medios informativos los actos de violencia contra la mujer. (Adelanto que la inclusión aquí del vídeo de la interpretación de Ismael Rivera del número salsero "Si te cojo", es prueba de cargo y no un acto de cinismo contra lo expuesto por la Sra. Montero.)

De su artículo me interesan particularmente estas expresiones, con las que coincido plenamente:

"¿Qué mensaje están recibiendo los agresores potenciales, esos que ahora mismo maquinan el castigo que le darán a la desobediente? Nadie les ha enseñado nada mientras están creciendo. Al contrario, la educación que reciben los varones, niños y adolescentes, está llena de prejuicios y de ideas de control. La propia madre (muchas veces no es ni siquiera el padre), le enseña al “varoncito” que su voluntad es ley en la casa; que la mujer (en este caso ella, la que tiene más próxima), está a su lado para complacerlo, y que las hembras son seres que han venido al mundo en actitud de sumisión y de inferioridad. Culicagados de 14 ó 15 años empiezan por insultar o amenazar a sus novias de la misma edad. Son los muchachos que luego, con 20 o 25 años, deciden que “a esa cabrona” le darán dos tiros."

Como botón de muestra de lo anterior, basta recordar el motivo principal, el estribillo esencial, de la canción interpretada por el salsero Ismael Rivera en el vídeo que encabeza este artículo: "[S]i te cojo coqueteándole a otro, ya veras que trompada te vo a pegar, Si te cojo guiñándole a otro, un piñazo en un ojo te vo a dar". Hay que señalar que Rivera y sus canciones fueron adoptadas por el independentismo y la izquierda como uno de los íconos de la nacionalidad y la cultura puertorriqueña, particularmente desde fines de los años '70.

De hecho, y precisamente en el contexto planteado por la Sra. Montero, no sólo me llamaron la atención, sino que me preocuparon profundamente, unas expresiones recientemente "posteadas" en Facebook por un abogadillo de altas libras y radicales convicciones socialistas, en las que destacaba que preferiría llamar "cabrona", en lugar de "bruja" a la ex-juez Ygri Rivera, presidente de la Junta de Sindicos de la Universidad de Puerto Rico.

Las expresiones del señor letrado constituyen una manifestación adicional de la violencia que prevalece en la sociedad puertorriqueña, particularmente contra la mujer, y reflejan además la carencia de civilidad, es decir de respeto y tolerancia, en el contexto del debate público y político.

En otro artículo del Quantum de la Cuneta, señalé hace unos meses que enfrentamos una situación en la cual:

"[A]ctitudes y valores, que van desde la manera en que se entienden y expresan las relaciones entre géneros y la sexualidad, hasta las visiones y maneras en que se manifiestan las posiciones presuntamente políticas sobre determinados problemas o sujetos, se caracterizan por la violencia, el maltrato, el machismo sexista y la agresión. En suma, podría señalarse que se acentúa la deshumanización e irracionalidad en las relaciones entre los individuos."

Es alarmante la proliferación de este conjunto de conductas violentas, de agresión al Otro, asumidas desde las perspectivas particulares, sean estas de género, de orientación sexual, políticas o de posición en la sociedad. El respeto a las diferencias y a la diversidad, tan necesarios para la preservación de los espacios democráticos, desparecen en esta asfixiante y hacinada vorágine insular.

Por mi parte, a diferencia de la Sra. Montero, no estoy tan seguro de que la educación de género vaya a ser la solución a esta crisis de violencia y ausencia de civilidad, en la que se hunde la Isla. Confieso, sin embargo, que quisiera equivocarme.

Por lo pronto, no estaría de más enfrentar de una manera más crítica la cultura de la sociedad puertorriqueña a la altura del siglo 21. Ello, sin temer al monstruo que pueda estar al final de la cueva, y mucho menos a las posibles y tal vez únicas alternativas para vencerlo ya de una vez.

1 comentario :

zanuit dijo...

Coincido contigo Eric, la educación de género podría ser una de las muchas iniciativas para la crisis de violencia y ausencia de civilidad, en la que se hunde la Isla. No obstante, más que educativo, me parece cultural, como bien mencionas. Lamentablemente prevalece una ausencia de identidad cultural, una ausencia de valores, fundamentales, como la capacidad creadora y crítica de los ciudadanos. Valores que requieren su enseñanza desde temprana edad para evitar costos y poca efectividad al cimentarlos en etapas ulteriores. Es necesario seguir gestando mentes libres, dispuestas, productivas y no individuos que se sientan infravalorados al no estar consciente de la importancia de su identidad cultural, por ende muy propensos a la drogadicción, violencia y criminalidad.