jueves, 16 de enero de 2014

Puerto Rico: La crisis final del “ELA”


There are moments in Life when keeping silent becomes a fault,
and speaking an obligation. A civic duty, a moral challenge,
 a categorical imperative from which we cannot escape.
(The Rage and The Pride, 2001)

Analizar la situación de Puerto Rico a mediados de enero del año 2014, es una tarea riesgosa en vista de la velocidad con la que se están produciendo los eventos relacionados con la isla tanto en su interior, como en los centros estadounidenses de poder político y económico, los cuales mucho tienen que decir sobre su futuro. 

Aunque sus consecuencias más serias están por verse, considero plausible la hipótesis de que la presente no es sólo una crisis económica, sino una crisis general y definitoria del modelo colonial [1] de relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico, el cual, al constituirse en 1952, 
fue bautizado con el demagógico nombre de estado libre asociado (ELA).

Es cierto que la presente crisis le plantea a los puertorriqueños una situación desesperante y confusa. De producirse excesos, por un lado, en el ejercicio del poder y las responsabilidades gubernamentales, o extremismos en los reclamos de los derechos ciudadanos, por el otro, no habrán ganadores ni perdedores, sino una sociedad derrotada en sus últimos remanentes de civilidad; es decir, de aquella convivencia social y política que se basa en los principios, las obligaciones y las libertades democráticas. 

Resulta imposible, sin embargo, anticipar específicamente —si se va opinar de manera responsable y sin pecar de sensacionalista— cuáles o cuán complejas serán las situaciones que se plantearán en el escenario político del año 2014 como producto de la crisis general colonial.

Por mi parte, a esta fecha, prefiero apostar —no sin preocupación— por el que prevalezcan los remanentes de la civilidad (a pesar de su propio proceso de descomposición, como expondré más adelante) tanto en el plano de las decisiones a ser tomadas por los funcionarios y burócratas del gobierno, como por los líderes gremiales y políticos, confiando en la fortaleza de un mayoritario —aunque silente y muchas veces silenciado— sector democrático de la ciudadanía, es decir, la verdadera y callada sociedad civil.

En este ensayo pretendo colocar en perspectiva las características de esta crisis y aquellos factores que considero de mayor importancia. Indico mis razones para señalar que esta crisis no sólo es general, sino de carácter determinante y final para el estado libre asociado como fórmula política de relaciones de los ciudadanos americanos de Puerto Rico con la metrópolis, como base jurídico-legal e instrumento de desarrollo económico, como marco inicial de referencia de la cultura en general, y la cultura política en particular, y como fundamento de las relaciones cívico democráticas y comunitarias en la isla.

Al respecto, sostengo que la superación de la presente crisis requiere terminar ese esquema político y dar paso a la solución de la condición colonial de la isla. En otras palabras, atender definitivamente el llamado asunto del status. Ante este dilema histórico, responsable en gran medida de la inefectiva atención de los graves problemas sociales, culturales y económicos de Puerto Rico, y del desperdicio de la energía creativa del liderato de una sociedad dividida en tribus —que es lo que es, y no es nada de lo que podría ser—, mientras el nudo de las graves carencias democráticas cierra las vías de su desarrollo, se presentan solo dos alternativas reales.

Por un lado, la estadidad o federación, lo cual consiste en la plena integración política y jurídica de la isla como estado de los Estados Unidos. A este punto, y antes de continuar, debo señalar que el término federación es más preciso al identificar el ideario y las aspiraciones históricas de lo que conocemos como movimiento estadista y con las características jurídicas de la integración efectiva a la confederación estadounidense. Desde luego, con ello no pretendo invalidar o restarle peso a un término que ha permitido describir esta justa aspiración a través de los años.

Por otro lado, la independencia, es decir, la organización y constitución de los puertorriqueños en una república soberana, con todos los poderes y obligaciones para con la ciudadanía que tal condición conlleva.

Hago la advertencia de que, precisamente, por la rapidez con que se están suscitando los eventos en Puerto Rico, un análisis completo de la situación puertorriqueña, entrada ya la segunda década del siglo 21, requiere probablemente un trabajo más amplio que el contenido en este escrito.