miércoles, 12 de junio de 2013

La inmundicia y los estertores del colonialismo en Puerto Rico

Foto del 3 de junio de 2013. Eric Alvarez © Todos los derechos reservados.

La incompetencia de la alcaldesa de San Juan, ciudad capital de Puerto Rico, Carmen Yulín Cruz Soto, y del propio gobernador, Alejandro García Padilla, ha superado la demagogia populista y el autoritarismo provinciano de ambos, a tal punto, y con tal rapidez, que no han hecho otra cosa que profundizar la inmundicia, y hacer más evidentes los estertores del modelo colonial, que en pleno siglo 21 es indudablemente un esquema político reaccionario y retardatorio para la isla.

Aquellas personas que quisieron ver en Alejandro García Padilla un líder independentista, remozado y moderado, “infiltrado” en las filas del inmovilista Partido Popular Democrático (PPD), o que pensaron que por fin el populismo neonacionalista iba a demostrar su liderato y su capacidad de gobernar, o más modestamente, ser capaz de mantener con vida el sistema colonial para “detener la estadidad”, con “Yulín en San Juan y Alejandro en la gobernación”, se han tenido que enfrentar con una dura realidad.

Esta realidad es perceptible en lo más concreto y simple, así como en los más complejos procesos políticos en la isla, particularmente aquellos relacionados con las medidas económicas y fiscales del gobierno del PPD, del cual García Padilla es presidente. La responsabilidad de partido e individuo, las acciones del ente colectivo, y las del ente individual, se han coagulado para profundizar la crisis de la isla en todos los ámbitos.

Estas responsabilidades particulares no pueden ser separadas, ocultadas o excusadas con banalidades y relatos propios del infantilismo político. En la presente situación que vive el país, son totalmente ridículas las alegaciones de que el gobernador García Padilla fue sorprendido por una realidad oculta al llegar a la gobernación. La verdad es otra, y su origen mucho más perverso.

En ese contexto, la euforia populista con la que llegó al poder el señor gobernador, y que tuvo su punto culminante —mas no final— en las celebraciones con ánimos de victoria revolucionaria en compañía de la alcaldesa Cruz, durante unas —literalmente— macabras fiestas de la calle San Sebastián, ha comenzado a desinflarse a una velocidad meteórica en el caso de ambos funcionarios. (1)