domingo, 30 de diciembre de 2012

Chatarra los bonos de la Universidad por Jaime Benson, Catedrático de Economía, UPR

(Reproduzco a continuación la columna del profesor Jaime Benson publicada en El Vocero del jueves 27 de diciembre de 2012. Sobre su contenido el profesor Benson ha señalado que: "Me temo que no se trate de mera incompetencia [las medidas propuestas por la administración de Alejandro García Padilla], sino de una estrategia temeraria para desestabilizar la UPR con meros propósitos político partidistas poniendo en riesgo nuevamente la acreditación de la UPR. Los universitarios más allá de banderías partidistas debemos hacer frente común para salvar la Universidad, pues no solamente están en juego  nuestros empleos sino el futuro de todos." 

Antes de pasar al artículo del profesor Benson —en el cual expone sus fundamentos en torno a este asunto— deseo comentar que, en mi perspectiva, los intereses políticos estrechos, según los entiendo, apuntan a la absurda teoría de sacar a la Universidad de Puerto Rico del sistema de acreditación del Middle States Association, lo cual sería nefasto, para dirigirla a ser una réplica de fallidas universidades como la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Paradójicamente, y "sacándose los dos ojos", nuestros neo-chavistas se dedicarían a jugar al llamado cogobierno en la UPR, mientras el espacio que sería dejado por ésta pasaría, con toda probabilidad, a ser ocupado por una institución consolidada, con acceso a recursos económicos no provenientes del presupuesto del gobierno, con capacidad de presentar ofrecimientos académicos diversos, y de reclutar, gracias a sus ofrecimientos salariales, a los mejores profesores disponibles. Esa institución podría ser el Sistema Universitario Ana G. Méndez. La administración de García Padilla se dedicaría, mientras tanto, a pagar deudas electorales, y a los bailes rituales del populismo clientelista en la UPR, a costa del futuro de la institución, y de paso, como se verá en el artículo del profesor Benson, a costa también de debilitar aún más las clasificaciones crediticias y la capacidad de manejar el déficit presupuestario del gobierno colonial. 

(Sin más, pasemos al artículo del profesor Jaime Benson.)

sábado, 15 de diciembre de 2012

Cuba y Puerto Rico: Sinceridad e hipocresía ante Guillermo Fariñas y los presos políticos (una discusión local que no lo es)

(Acudo a esta columna publicada originalmente el 10 de julio de 2010, la cual, como todo lo que tenga que ver con libertad de expresión en Cuba, no pierde vigencia alguna. Las recientes declaraciones de unos famosos "raperos" puertorriqueños, en las cuales se expresan, por primera vez, sobre la censura gubernamental en Cuba —en este caso, por razón de la dirigida a otros músicos del género, debido al contenido de sus canciones presuntamente ofensivo contra la mujer— podrían ser vistas como una broma de mal gusto, un acto de ignorancia, o mucho peor, un acto de cinismo monumental. No se trata de que la expresión de rechazo por estos "raperos" a la censura en el contexto cubano no sea pertinente o válida. Son desafortunados, sin embargo, el hecho de la tardanza colosal de estas expresiones, y el total silencio sobre el expediente previo, no sólo de censura, sino de represión de la libertad de expresión por parte de la dictadura cubana contra diversos sectores de la sociedad civil, y la oposición política. Los actos de censura y agresiones contra otros músicos, artistas, blogueros, activistas por los derechos civiles, entre otros, a lo largo de 53 años de dictadura, y en particular, durante los últimos diez años de descalabro político total del régimen, llenan completamente el expediente. Desafortunadamente, las laxas y tardías expresiones de estos talentosos, y literalmente privilegiados, "showmen" puertorriqueños, mejor conocidos por el nombre de "Calle 13", ponen de manifiesto su indiferencia a las aspiraciones más esenciales de la juventud cubana en cuanto a la libertad de expresión, y evidencian sus dobles varas cuando se trata de criticar a regímenes como el de Cuba. Recuérdese que fue este dúo el que señaló en el otorgamiento de unos premios MTV, en un ejercicio de libertad de expresión, que el gobernador de Puerto Rico era un "hijo de la gran puta", haciendo uso del recurso simplón e irresponsable de romantizar el "lumpen" y la agresión verbal como mecanismo de "marketting" y promoción de su presencia en la escena de la música popular. Buen ejemplo, tal vez, de la "sociedad del espectáculo". Finalmente, si alguna duda hay del expediente al que esta agrupación hace y ha hecho caso omiso, mientras saca partido de un bien empastelado "look" contestario, una revisión de este artículo puede dar, al menos, una ligera idea sobre lo que está planteado en Cuba en cuanto a la libre expresión, mucho antes de que Yomo y René descubrieran la censura a los raperos cubanos, y decidieran expresarse sobre ello. Mientras estos "mensajeros de la cultura boricua" viajan el mundo, decenas de ciudadanos en Cuba luchaban y luchan por un pequeño espacio para hablar, y tal vez poder exclamar, sin temor a las turbas de acción rápida y el MININT, en una plaza pública, no ya en la televisión nacional: "¡Fidel, hijo de puta!" )

domingo, 2 de diciembre de 2012

Encontremos a José Enrique Gómez

Los foto montajes que incluyo en este post responden a la desaparición, y aparente secuestro del publicista José Enrique Gómez Saladín de Juncos, Puerto Rico, desde el pasado jueves 29 de noviembre en la noche. Su vehículo, un Toyota Matrix de color azul claro, tablilla FRT 734, tampoco ha sido encontrado. Se solicita toda información que contribuya a localizar a Gómez. Para ello pueden comunicarse a la Policía de Puerto Rico, 787-343-2020, y a los teléfonos 787-567-7459 y 787-746-2949. 

De la información que surge de los medios de prensa (véase El Vocero, NotiCel y El Nuevo Día), es posible, y esto es sólo una hipótesis de quien escribe, Gómez pudo haber sido abandonado en cualquier lugar entre Caguas y Cayey, mientras su vehículo haber sido utilizado por su raptor, o raptores, para trasladarse hasta algún lugar para cambiar de vehículo, o que fuera cercano a sus madrigueras, el cual puede ser cualquier punto de la zona entre San Juan y Caguas, o aún de zonas como Aibonito, Cayey, y los municipios a lo largo de la carretera número 30 que llega hasta Humacao. 

Hago estas observaciones para llamar la atención a las complejidades que el secuestro de una persona le presentan a las autoridades en los procesos de investigación. En ese sentido, la cooperación tradicional de la ciudadanía, y una actividad "militante" a través de las redes sociales, pueden ser de gran ayuda para dar con el paradero de Gómez.


Hay que señalar que la proliferación de este tipo de delito es un indicativo del grado de enfermedad que la mente criminal va desarrollando en la Isla, lo cual pone en riesgo al ciudadano de a pie —ya no digamos a las personas de afluencia económica—, no solo de la agresión criminal, sino específicamente del terrible acto de secuestro.

Pero no me limito a lo anterior. Como he planteado en otros artículos, y en conversaciones con muy apreciados amigos, la corrección de rumbo en la Isla, la reconstrucción de la sociedad puertorriqueña, puede tomar no menos de unos 20 años, indistintamente de las fórmulas de la relación de Puerto Rico con los Estados Unidos. 

Por lo anterior, y mientras todo eso ocurre, la verdadera sociedad civil —gran parte de la cual marchó de blanco el 12 de agosto de 2012, sin discursos grandilocuentes, sino más bien desarticulados, y bajo acusaciones de "mojigata"o "inconsecuente"— ante eventos como el del secuestro de este joven publicista puertorriqueño, puede articular esfuerzos dirigidos a armar una red de apoyo a las autoridades. En este caso, para tratar de hallar con vida a José Enrique.

Si estamos dispuestos, y somos capaces como sociedad de al menos dar curso a ese tipo de iniciativa, habremos dado un paso de avance; tal vez pequeño, sí, pero de avance, en la dirección correcta, el de la solidaridad frente a la actividad criminal en la tantas veces llamada "mi Isla", "nuestra Islita", la "Isla del Encanto".

Sobre esto de los nombres y las identidades no soy tan romántico. Me bastaría poder llamarla una "isla en la que se puede vivir en paz". Mientras tanto, demos la mano y encontremos a José Enrique Gómez.