sábado, 31 de diciembre de 2011

Ivonne Malleza Galano: prisionera política cubana

Cuando este primero de enero se celebre en Cuba el aniversario 53 de la derrota del dictador Fulgencio Batista, la nomenclatura del Partido Comunista de Cuba, esa caterva de escleróticos burócratas que debaten hoy cuanta apertura al capitalismo es suficiente sin que se pongan en riesgo sus privilegios, mantendrán en prisión, mientras tanto, a Ivonne Malleza Galano e Ignacio Martínez Montejo, quienes se encuentran realizando una huelga de hambre.

Ivonne Malleza Galano, también miembro de las Damas de Blanco, fue apresada violentamente el 30 de noviembre pasado, junto a su esposo, Ignacio Martínez Montejo, por la policía política de la dictadura, a consecuencia de levantar un cartel en el Parque de la Fraternidad, localizado en La Habana, que leía: "Basta ya de mentiras y de engaño al pueblo cubano. Cese el hambre, la miseria y la pobreza en Cuba”.

Malleza Galano y Martínez Montejo han sido privados de su libertad, sin que medie proceso alguno de "determinación de causa para el arresto", ni asistencia legal inmediata, o derecho a fianza, derechos que en Puerto Rico, por ejemplo, y lugar desde donde escribo, le son reconocidos a cualquier acusado, incluyendo al más sanguinario asesino del narcotráfico, por no mencionar el caso, rayante en la comedia, de los activistas de los grupúsculos de la llamada izquierda isleña.

Está por verse si el caso de Ivonne e Ignacio habrá de ser utilizado por la dictadura como otro de tantos actos represivos para enviar el mensaje de que, aunque se estén llevando a cabo medidas de liberalización económica, el sistema político —como en el caso del modelo chino— no será democratizado en modo alguno.

En la mente de los burócratas del PCC, sin embargo, debería haber espacio para recordar el impacto político de las huelgas de hambre encabezadas por Orlando Zapata Tamayo y Guillermo Fariñas. Por otro lado, deberían recordar que las idiosincracias del pueblo cubano y del pueblo chino son muy distintas. Lo que puede parecer hoy indiferencia y aceptación del estado político por parte de los ciudadanos cubanos, irá transformándose en exigencias y reclamos como consecuencia, precisamente, de las medidas de liberalización económica, lo que colocará una presión extraordinaria sobre la dictadura.

Después de todo, era el marxismo el que sostenía que la "superestructura política", llegado determinado momento de desarrollo del modo de producción, se veía obligada a transformarse para permitir el crecimiento económico. De no hacerlo, la transformación era impuesta por las propias fuerzas productivas. En ese momento, "más temprano que tarde" —repitiendo un lugar común de la izquierda latinoamericana— la única salida justa y viable en Cuba será la plena Democracia.