lunes, 31 de enero de 2011

Puerto Rico... Tribulaciones, Melones y Crápulas o el Juego de las Verdades Ocultas

(Publicamos nuevamente este artículo del 18 de agosto de 2009 por entender que los planteamientos esenciales aquí vertidos readquieren pertinencia ante los eventos recientes en la Isla, y sobre todo, ante la actitud inmovilista, y conservadoramente nacionalista asumida por ciertos sectores de la academia, y de sectores de una joven intelectualidad que postula cierto neo-izquierdismo, basado esencialmente en los mismas premisas teóricas del derrotado izquierdismo-nacionalista de los años '70 y '80, frente al colapso definitivo del modelo económico colonial, y su gobierno basado en el gigantismo, el paternalismo, y el patronazgo político. Aunque las diferencias con el respetado escritor Luis Rafael Sánchez no han perdido vigencia totalmente, más importante aun resultan ser nuestros señalamientos sobre la ausencia de honestidad intelectual, y la miseria del análisis y la discusión pública en Puerto Rico, asuntos que son objeto en estos días de olímpicos pronunciamientos editoriales e hipócritas poses de pulcritud política.)

Mediante su artículo titulado
"La Ineptocracia", publicado en El Nuevo Día, el 18 de agosto de 2009, el cual ha provocado diversas reacciones de simpatía por lo menos en la red Facebook, el escritor Luis Rafael Sánchez, pretende sostener la narración de que la debacle del país se debe a la ineptitud del presente Gobernador, Luis Fortuño, y que los corruptos "tiburones", "las crápulas", todos del Partido Nuevo Progresista (PNP), de orientación estadoista, y al que representa el Sr. Fortuño, se aprestan a devorar y destruir la Isla. Por otro lado, el artículo titulado "Tribulaciones del Melón", publicado por el periodista Ismael Torrres, en el mismo periódico de este miércoles 19 de agosto, quizá no tenga una larga lista de fans en Facebook, pero dice mucho del estado intelectual e ideológico del país, en unas muy breves y atinadas líneas.

Hago referencia a estos artículos porque me permiten ilustrar, y lo señalo con todo respeto, mi preocupación por la difusión en Puerto Rico de lo que he querido llamar la miseria del análisis y el debate intelectual, particularmente por parte de la llamada izquierda, o quienes se piensan o sienten afines a esa etiqueta. Ambos artículos, cada uno por razones muy distintas, reflejan la indigencia intelectual y política del llamado "sector puertorriqueñista" del espectro ideológico de la Isla. (Continúa)




El artículo de Sánchez ("Wico", como le llaman sus amistades cercanas) cumple veladamente la función de proteger la retaguardia del PPD, que como "Hamlet ñangotado en el batey" —lamenta el escritor, acudiendo a uno de sus tropos geniales—, duda "entre si fomentar la gringosidad o si amenguarla". Torres, por su parte, destaca la confusión agónica entre los sectores que reclaman ser independentistas (los llamados "melones") mientras apoyan, de manera consecuente, al Partido Popular Democrático, organización que promueve la preservación de la presente relación jurídico-política de Puerto Rico con Estados Unidos, es decir, el estado colonial. Para estos sectores, indica Torres, "la Nación está en peligro y vamos a dejar de ser boricuas".


En su artículo, el veterano periodista revela con sencillez y claridad, el simplismo de las posturas inspiradas en el nacionalismo decimonónico del PPD y sus melones atribulados. Aún aquellos melones de hoy, que se formaron en las teorías que sostenían la importancia de la economía para todo lo demás que ocurre en una sociedad, no acaban de entender esta Isla en su conjunto. No hay cubierta de retaguardias en el artículo de Torres, sino la desnudez, o la admisión si se quiere, de las tribulaciones fatales de un sector destinado a disolverse en el inmovilismo colonialista, mientras espera —describe el autor— el glorioso regreso del PPD al gobierno, "no importa quién lo diriga ni con qué agenda", con tal de salvar la "Nación boricua".

Vayamos directamente a la miseria y los melones. En primer lugar, me temo que los que militamos, en las décadas del setenta y del ochenta, en el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y la Federación Universitaria Pro Independencia (FUPI), ambos de orientación marxista leninista, con el nacionalismo como carta adicional de presentación, somos responsables, al menos en buen grado, aunque definitivamente no de manera exclusiva, de la miseria intelectual y analítica que pretendo denunciar. Digo esto porque el análisis y estrategia de la lucha en contra de la estadidad se nutrió en buena medida de las posiciones que estas formaciones políticas introdujeron en el seno del independentismo.

A fines de los setenta y principios de los ochenta fue adoptada por estas organizaciones, no sin largos debates que anticipaban la futura división y debilitamiento fatal de ambas, una política de alianzas con los presuntos sectores autonomistas del PPD, con miras "a detener la estadidad". Su objetivo era coagular una gran alianza "puertorriqueñista" en contra de la "estadidad inminente". Evidentemente, se partía del reconocimiento de un sentimiento nacionalista, o de cierto etnocentrismo boricua, que era manipulable para "detener" la estadidad, mover al PPD a respaldar una fórmula política que dejara la puerta abierta a la Independencia, y eventualmente, alcanzar ésta y el socialismo, estas últimas metas en un sólo hechizo.

Para resumir años y debates, esa estrategia conllevó el apoyo al PPD en los eventos electorales de los 80 y los 90, de manera consistente. Diría que la estrategia degeneró en un respaldo totalmente acrítico a partir de las elecciones de 1992. El estado mental del melonismo llegó al punto de que la estrategia original funcionó al revés. El Partido Popular supo que podría contar con los melones, equivalentes a unos 30,000 electores más o menos, en cada evento electoral, sin necesidad de promover cambios de importancia al presente estado colonial.

El terror a la estadidad se convirtió en el "hombre del costal", en el "cuco", del melonismo. Aún a la altura de 2009, como lo comprueban el propio Sánchez en su artículo, las reacciones en Facebook a éste, así como el artículo de Torres, la confusión del melonismo perdura, mientras el apoyo del pueblo a la estadidad sigue avanzando.

La gran alianza "puertorriqueñista" ha pasado a ser un movimiento amorfo definido por principios nacionalistas, de diferentes gradaciones e intensidades. Estas gradaciones se caracterizan por el hecho de que la creación de un Estado-Nación no es visto como una necesidad, o una tarea historica que se deba realizar, por la vasta mayoría de quienes reclaman su orgullo étnico cultural.

Sin embargo, tienen su punto de encuentro en la estrategia de que todo aquél que se oponga al PNP es un aliado —el PPD es visto como un instrumento fundamental— y todo aquél que promueva ese partido, o favorezca la estadidad, debe ser destruido políticamente, "alienado" de la discusión pública, o demonizado, como en el caso evidente de Pedro Rosselló, ex-gobernador estadista de la Isla en el período del 1992 al 2000.

Como resultado del "junte" del corazón del rollo del PPD, es decir, los colonialistas de línea dura, con el melonismo nacido de la "izquierda", toman vuelo una serie de estrategias contaminadas de falta de honestidad intelectual y míseras intelectualmente. Estas estrategias se manifiestan en la intolerancia y en la manipulación de la información como instrumento de ejecución.

Conforme a ello, la información, que de alguna manera afecta a lo que ha sido bautizado como "sector puertorriqueñista", o al PPD en particular, se trastoca, se evade, sólo se trata si es inevitable (doy como ejemplo los casos por corrupción de Aníbal Acevedo, ex-gobernador PPD del 2004 a 2008, ventilados ante los foros judiciales norteamericanos ), y en determinados casos, hasta se oculta. Por otro lado, toda información que tienda a favorecer "a los estadistas" se oculta, y todo aquello que les desfavorece se resalta con desproporción vergonzosa y hasta se maquilla para que luzca peor.

En ese juego de las verdades ocultas la objetividad se desvanece. La discusión pública, y la cubierta de las informaciones por los medios periodísticos, se convierten en la caja de resonancia de las peores garatas politiqueras, y de los tremendismos que saben articular muy bien los manejadores de la información (los "cuadros de propaganda"), casi todos (por no decir "todos") buenos "melones", formados y "fogueados" en las virtudes, y vicios, de los años setenta y ochenta. Sus análisis rayan, con frecuencia marítima, en el simplismo kayakero; es decir, en el aventurerismo infantil de izquierdas.

Las mentiras se repiten, los cuestionamientos surgen de alegaciones sin fundamentos, y sin ellos, además, se asumen posiciones a sabiendas de su carencia de méritos, o como se dice de ordinario, sencillamente "por joder". Mal éste último, debo aclarar y reconocer, que aqueja a todos los sectores ideológicos, ya que en este tejemeneje de la demagogia ninguna de las tribus boricuas es una paloma inocente e impoluta. Se manifiesta así, y de manera generalizada, una miseria analítica en la discusión y debate público, que refleja una profunda falta de honestidad intelectual, y cuando no, crápulos intereses económicos, que lleva a muchos a preguntarnos si este mal boricua está en el aire, el agua o los genes.

Nadie sensato está contento con la situación de la isla estofada de Luis Palés Matos. Nadie piensa que vamos en la dirección correcta. Nadie puede alegrarse de la existencia de una corrupción que no es privativa de ninguna de las formaciones políticas, aunque se haya construido esa imagen, y ese discurso, con relativo éxito por los medios que controla el "puertorriqueñismo". Nadie puede alegrarse de la lumpenización del país a diversos niveles. Nadie debería estar contento con el control que ejerce lo que llamó Rosselló, a mi parecer atinadamente, la oligarquía colonial. Oligarquía que, después de todo, controla los medios de información, y obtiene grandes beneficios de la permanencia del estado colonial y de la inmovilidad política de la Isla.

No es honesta, sin embargo, la adopción y manifestación de posiciones sin evidencia o, cuando menos, el estudio de los datos básicos de determinados problemas; tampoco lo es el consabido disparo de la cintura; el análisis sin rigor. Son deshonestos y carentes de rigor, además, los análisis "maniqueos", conforme los cuáles, por ejemplo, todo lo que signifique atraer capital a una isla en bancarrota es parte de un gran operativo estadoísta para robarle al fisco; o conforme a los cuáles todo lo que aleguen los "cuadros" del "movimiento sindical" es correcto y motivado por su profundo altruismo; o conforme a los cuáles todo lo que implique un reconocimiento de valores democráticos o reconocimiento de posiciones o acciones meritorias de los "gringos", no es sino "pitiyanquismo". Todo ello, otra lastimosa manifestación de la miseria en el análisis y el debate intelectual; como han dicho otros, el análisis debe partir de reconocer y comprender la "complejidad" de la realidad.

En el contexto de todo lo anterior, afirmar, como lo hace Sánchez, que la problemática actual de Puerto Rico es producto de la administración de Luis Fortuño es, cuando menos, un error de perspectiva, por no querer adjudicarle al escritor, crápulas intenciones de manipular la realidad histórica.

Todos vivimos las administraciones inmediatamente anteriores, y particularmente infelices, de Sila Calderón y Anibal Acevedo Vilá, ambos gobernadores del PPD. Sánchez omite ese hecho incontrovertido. Estos gobernantes tradujeron la inmovilidad
ideológica en inmovilidad total gubernamental. El "ningunismo" de origen plebisicitario —es decir, el no apoyar ninguna opción en un proceso electoral para escoger una forma definitiva de relación con los Estados Unidos— fue adoptado como filosofía política.

La mentira y el manejo de la "percepción" fueron perfeccionados como métodos para enfrentar a sus opositores. Por otro lado, si de tiburones se trata, hace muchísimo tiempo que el crapulario del Partido Popular se ha alimentado muy bien del fisco. La "destrucción" de la Isla ocurrió mucho antes de que pasara a ocupar su puesto el actual gobernador. Sánchez lo sabe.

La miseria del análisis de Sánchez radica, además, en atribuírle a la administración gubernamental de turno, PNP y estadista, por supuesto, la existencia de los "tiburones" como si las denuncias de Iván González Cancel, quien fuera candidato a la dirección del Departamento de Salud, excluyeran participantes de otras formaciones políticas en la charada. El asunto está por investigarse; la posición correcta y sensata es esperar por sus resultados.

Son tiempos de sobriedad y serenidad en los análisis. De saber anteponer la búsqueda de la verdad a las respectivas posiciones ideológicas, afecte ello a quien afecte, y sin que las simpatías por un nacionalismo
light o uno estridente, o la antipatía hacia el estadoismo, sea el criterio determinante en los análisis, en el debate público, o en el manejo de la información por los medios periodísticos.
Son tiempos de afrontar los cambios necesarios para que este barrio en el Caribe se inserte efectivamente en los indetenibles procesos económicos globales. Los vertiginosos desarrollos de este nuevo milenio, no esperarán por
Hamlet, mientras mira con nostalgia el pasado, e indecisión al futuro, ñangotado en un batey. Y eso, Sánchez también lo sabe.




Notas:


1. Crápula: según el Diccionario de la RAE, "Hombre de vida licenciosa."
2. Información sobre imágenes y fotos en orden de aparición: Foto "Máscara", tomada de Nuevo Teatro: Teatropedia; Foto de Luis Rafael Sánchez, tomada de catálogo de la
Universidad de Wisconsin; Foto de Ismael Torres, tomada de página electrónica de Metro San Juan; reproducción fotográfica de "El Pan Nuestro" de Ramón Frade; "Homeless", foto tomada de Scrape TV News; Aníbal Acevedo Vilá y Hector Ferrer, líderes del Partido Popular Democrático, foto tomada de El Nuevo Día; Reproducción fotográfica de "Big Man", 2000, del artista hiperrealista Ron Mueck (Australian, b. 1958), tomada de página del Brooklyn Museum.

sábado, 29 de enero de 2011

Puerto Rico: Vanguardias universitarias a la deriva y tareas urgentes ante el colapso del modelo colonial


No hay nada peor que una vanguardia perdida. Es una tragicomedia la situación que plantea un grupo de abnegados soldados en posición de avanzada —¿alguien vió la película Mediterráneo?— mientras las restantes tropas tratan de alcanzarla, o peor aún, les han abandonado por considerar que la llamada vanguardia se ha apartado de la estrategia y táctica adoptada en un principio, o simplemente porque la guerra ha terminado. La situación más delirante se produce cuando la vanguardia carece del todo de tropas que conducir. Simplemente es un pequeño grupo de avanzada para abrirle paso a nadie, pues carecen de respaldo real de las tropas que imaginan liderear. Al menos eso dicen los que saben de milicia, y el principio ha sido aplicado a la política en infinidad de ocasiones. (Continúa)


Tal es el caso en Puerto Rico de un grupo de, como mucho, unos 100 a 200 activistas estudiantiles que han decidido desarrollar una serie de actividades de "desobediencia civil" —en protesta por la imposición de un costo adicional a la matrícula en la universidad del estado— consistentes esencialmente en dirigir unos mensajes a través de megafónos —actividad en la que no son intervenidos si nos basamos en lo observado en los vídeos circulados por los propios activistas— en determinados lugares "estratégicos", obstaculizar el tráfico vehicular, y eventualmente, provocar la intervención de las fuerzas policiacas para demostrarle al "pueblo" el carácter represivo del "régimen fascista" del gobernador Luis Fortuño. Aunque se quiera argumentar contra lo evidente, los propios vídeos circulados por los grupos de activistas reflejan un uso mucho más comedido de la fuerza por los cuerpos policiales en los últimos eventos que en actividades pasadas relacionadas con la problemática universitaria.

He comentado en otras ocasiones que el error desde un principio en toda esta "gesta" ha sido asumir la crisis universitaria como un frente de lucha "contra el neoliberalismo y el gobierno anexionista de Fortuño", en lugar de colocar en perspectiva la crisis financiera de la Universidad, y sus alternativas en la era de las becas Pell y las diversas ayudas económicas —como los programas de estudio y trabajo, o préstamos estudiantiles— de las que disfrutan, incluso, algunos de los teóricos y vocingleros en Facebook de esta vanguardia a la deriva.

El problema de esta vanguardia, a la altura de la presente fecha, es que aun los sectores académicos simpatizantes de la oposición política al gobierno de turno, y quienes han sido en el pasado sus aliados naturales, comienzan a distanciarse discretamente de sus posiciones. Véase, por ejemplo, la columna titulada La UPR vive: un alto a la desesperanza, publicada hoy por Luce López Baralt en El Nuevo Día, artículo que contiene algunos señalamientos de los que difiero, pero que, sin embargo, es reflejo de la presente situación que le está planteada a estos grupúsculos inspirados en la izquierda de los años '70 del siglo pasado, hoy venida a menos irremediablemente.

Por otro lado, toda esta desordenada "desobediencia civil" no es más que el último aleteo de un movimiento, que tal vez en su momento captó el apoyo de algunos cientos de estudiantes, pero que hoy no cuenta con respaldo sustancial alguno, y cuyo único efecto es desviar la atención de los asuntos medulares que le están planteados a la propia Universidad y a la Isla.

Sencillamente es hora de pasar la página, abordar la situación de la Universidad desde otras perspectivas, y sobre todo, enfrentar la profunda crisis de la Isla, lo que me lleva a lo siguiente, tal vez producto, en parte, de las inquietudes que incita en mi el citado artículo de Luce López Baralt.

Es hora de que la sociedad puertorriqueña se plantee generar los consensos mínimos necesarios no sólo para redirigir la economía, sino para definir prioridades colectivas, y superar los intereses estrechos de carácter partidista y sectoriales. Ya he comentado en otros artículos que a esos propósitos, y menos aun a la imagen de serenidad y consenso que Luis Fortuño ha querido presentar bajo su administración, no aportan positivamente las actitudes manifestadas por funcionarios como el presidente del Senado o el Secretario de la gobernación.

Pero el problema del colapso del modelo colonial no es producto de las ejecutorias de estos funcionarios, sino de sus carencias estructurales, y la incapacidad de las pasadas administraciones gubernamentales al no utilizar los recursos disponibles en los treinta años anteriores (desde los años '80 al presente) para orientar la economía, y a la sociedad en general, al desarrollo de nuevas actividades productivas que le permitieran competir en la era de la globalización que asomaba ya para aquellos años. A ello, sin duda, contribuyó el inmovilismo político anclado en el Estado Libre Asociado.

A tenor con lo anterior, entre las prioridades a ser atendidas de manera definitiva se encuentran la terminación del Estado Libre Asociado, es decir, de la condición colonial de la Isla por vía de la Independencia o la Estadidad; superar de una buena vez la concepción que propulsa un gobierno gigante y burocrático que cumpla el rol de padre benefactor, en sustitución de los hacendados del siglo 19, lo cual genera, a su vez, el patronazgo político y la corrupción gubernamental; y comprender que sin apertura a los mercados internacionales, y sin inversión de capital en la Isla, no se podrá contar con los recursos necesarios para reducir los niveles de desempleo, elevar —con caracter de urgencia— la calidad de los servicios de salud, invertir en el rediseño del sistema educativo a nivel escolar y universitario, y propiciar una mejor calidad de vida a la ciudadanía. Eso, profesora, no es desmantelar el país. Es tratar de reinventarlo.