domingo, 20 de febrero de 2011

La “iskra” del mundo árabe


(Fotografía tomada de minnesota.publicradio.org)

La libertad y los árabes" por Mario Vargas Llosa para El País

“Revueltas en el mundo árabe” por Javier Valenzuela para El País

El mundo árabe es mucho más complejo que lo que resalta a primera vista. Ya me lo había advertido mi pareja desde hace muchos meses y lunas llenas. Los hechos recientes confirman sus señalamientos.

Ello me ha movido a presentar algunas reflexiones sobre estos eventos y a enlazar con el artículo de Mario Vargas Llosa, publicado en El País el pasado 13 de enero, y el breve pero interesante análisis de Javier Valenzuela para la misma publicación, en el que discuten la ola de levantamientos de los pueblos del Oriente Próximo, concretamente en Túnez, Egipto, Yemen, Argelia, Marruecos y Jordania, y que poco a poco se van reproduciendo en el resto de países del mundo árabe, como es actualmente en el caso de Libia, contra los gobiernos autoritarios y corruptos a los que han estado sometidos por largos años.

Ante estos eventos resulta imposible olvidar las manifestaciones encabezadas por las juventudes iraníes ante el fraude electoral del 2008, las cuales se inspiraban en las mismas aspiraciones de libertades democráticas y modernización que hoy inspiran a los movimientos surgidos en la región recientemente.

Del artículo de Vargas Llosa deseo destacar, en primer lugar, el paralelismo planteado por el autor con la ola que hace más de 30 años derrumbó el llamado campo socialista, aquél club de gobiernos guiados por las tradiciones autoritarias del estalinismo soviético.

Y es que el sacrificio del tunecino Mohamed Bouazizi sirvió de iskra, es decir, como "chispa” incendiaria de la pradera, para abrir los pulmones de los pueblos árabes en la búsqueda del oxigeno de las libertades democráticas. (Continúa)


La inmolación de Mohamed Bouazizi se antoja ante mis ojos como el equivalente histórico —en el contexto del Oriente Próximo— a la lucha de los obreros del sindicato Solidaridad contra el régimen comunista en Polonia para principios de los años '80 del siglo pasado, evento que marcó el comienzo del final del bloque comunista, y que culminaría con la disolución de los Estados de la “dictadura del proletariado", es decir, de los regímenes autoritarios encabezados por la propia Unión Soviética en la entonces Europa Oriental.

En estos procesos es interesante el hecho de que, por lo menos hasta el momento, los levantamientos han sido movimientos de masas relativamente pacíficos, encabezados por las juventudes de estos países, así como el factor de que cuentan con el apoyo real de la gran mayoría de los ciudadanos, y fundan su fuerza política en la razón y la justeza de reclamos democráticos liberales y de modernización económica y política.

El factor de la violencia física ha sido traído al tablero por los organismos represivos de estos regímenes. De hecho, justamente en el día de ayer, al momento en que redactábamos este escrito, se informaba de la muerte de por lo menos treinta personas como producto de la intervención de la soldadesca de Libia ante las protestas contra el régimen vitalicio en ese país dirigido por Moammar Gadhafi. (Las últimas informaciones del día de hoy, domingo 20 de febrero, a través de CNN, indican cerca de 200 muertos en estos enfrentamientos.)

Un elemento adicional del artículo de Vargas Llosa me ha merecido atención, sin con ello desmerecer la importancia del resto de su exposición. Me refiero al impacto de la globalización de la información en la oleada de la que estamos siendo testigos históricos.

El Internet, junto a las redes sociales de todo tipo, no sólo han levantado las fronteras, y colocado en cuestionamiento el concepto mismo del Estado-nación y su correlato nacionalista, sino que han permitido un amplio flujo de información, fenómeno que los rancios regímenes autoritarios y dictatoriales preferirían que no se estuviera produciendo, y el cual permite a las sociedades tener acceso al otro lado de la historia, al otro lado de la moneda, al mundo que se les pretende ocultar.

Precisamente ello explica, por ejemplo, el bloqueo por regímenes autoritarios y represivos —como es el caso del régimen cubano— del pleno acceso de sus ciudadanos al Internet. Estos tiranos, de verbo ágil, y manos ensangrentadas, saben que una vez disponible el Internet en toda su amplitud, los mitos y leyendas con los que han pretendido engañar a sus pueblos, justificar su despotismo, y asegurar su permanencia en el poder a través de los años, se irán desvaneciendo como producto del acceso de la ciudadanía a la información.

Por otro lado, resultan de vital importancia, y de estrecha relación con el análisis de Vargas Llosa, las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, del 1 de febrero de 2011. En esa ocasión éste señaló:

“En los últimos días, la pasión y la dignidad que han demostrado los ciudadanos de Egipto han sido una inspiración para todos los pueblos del mundo, incluido el de Estados Unidos, y para todos los que creen en que la libertad humana es inevitable”. (Para una discusión de estas declaraciones y de este tema en general vea el artículo de Javier Valenzuela ya citado.)

Vargas Llosa, por su parte, reclama a los gobiernos de Occidente, particularmente a aquellos de la comunidad europea, un apoyo más decidido a estos movimientos que, como he indicado previamente, se basan en el reclamo de las libertades democráticas y la modernización de sus sociedades.

Militan contra este apoyo el temor a que sectores extremistas asuman el control de los nuevos gobiernos, el racismo y los prejuicios que impiden reconocer que en el mundo árabe es posible la democracia y la modernidad. Estas posturas tienen su origen, al menos en parte, en el desconocimiento de las complejidades del mundo árabe.

Por otro lado, Vargas Llosa critica la incomprensión e indiferencia por parte del gobierno extremista de Israel, ante unos procesos que, como en el caso de la caída del muro de Berlín, podrían desembocar en regímenes democráticos en la región, situación que plantearía la posibilidad de facilitar la solución —finalmente— del conflicto palestino-israelí, lo cual sería de beneficio, a su vez, al mundo en su totalidad.

Aunque admito que, a pesar de todo lo que he expresado anteriormente, los resultados definitivos de todos estos procesos y movimientos de protesta están aún por verse, comparto la posición de que Occidente está llamado a respaldarlos sin ambages ni mojigaterías.

No manifestar un apoyo decidido a estos movimientos, ya sea por consideraciones diplomáticas o económicas, sería tan desacertado como apoyar el estalinismo en medio de las revoluciones democráticas en los países de Europa del Este en la década de los ’80. Una vez los cielos despejen se podrán formular los parámetros políticos que habrán de guiar las relaciones con los nuevos gobiernos esperando, desde luego, que accedan al poder sectores democráticos y laicos en lugar de frentes del integrismo o el fundamentalismo islamista.

Las expresiones de un manifestante libio a CNN resumen lo que está planteado en estos momentos en el mundo árabe: "Our goal is simple: We want Gadhafi to leave. We want freedom. ... We want democracy."

Por mi parte, espero que la vorágine liberadora contra los regímenes autoritarios y opresores en el Oriente Próximo culmine, como en el caso de la Europa de los años ’80, en un nuevo escenario en el que las libertades democráticas y la modernidad económica y política sean las características dominantes de los Estados de la región. Después de todo, los avances de la Humanidad se han basado en las luchas por alcanzar y ampliar las libertades democráticas y la justicia en general. De ello, precisamente, se trata el progreso y el desarrollo de la Historia.

1 comentario :

Prometeo dijo...

Ojalá y prevalezcan los ideales democráticos en esa región pero por aí andan unos grupos islámicos uqe están como pescadores en río revuelto buscando ocupar posiciones clave en las nuevas estructuras de poder que se formen. Si eso ocurriera Israel estará en serios problemas.

Adelante y éxito.