domingo, 24 de octubre de 2010

Cuba: Sobre "capitalismo de Estado" y "neoliberales de verde olivo"



(Este artículo está en proceso de revisión en atención a las diversas visitas que ha recibido recientemente, por razones evidentemente justificadas. La revisión está dirigida a exponer de manera más clara los señalamientos tanto sobre el llamado neoliberalismo, considerando unas expresiones de la admirada amiga Yoanni Sánchez en octubre de 2010 sobre el proceso cubano, con las que, después de todo, no tengo diferencias mayores,  como sobre el concepto del "capitalismo de estado". Consideré retirar el post, pero respeto las referencias que puedan hacerse a este en otras publicaciones digitales, ora con un ánimo de coincidencia, ora con la fuerza de la crítica, lo cual me inhibe de optar por esa alternativa. Como dije, estoy revisando el contenido del artículo. Sin embargo, deseo traer a colación la siguiente cita del filósofo y economista liberal, Ludwig Heinrich Edler von Mises,  sobre el tema del "capitalismo de estado", y que explica —me parece que atinadamente—por qué los liberales son renuentes a utilizar el término de marras para describir  la propiedad pública de los medios de produción. "The socialist movement takes great pains to circulate frequently new labels for its ideally constructed state. Each worn-out label is replaced by another which raises hopes of an ultimate solution of the insoluble basic problem of Socialism—until it becomes obvious that nothing has been changed but the name. The most recent slogan is 'State Capitalism.' It is not commonly realized that this covers nothing more than what used to be called Planned Economy and State Socialism, and that State Capitalism, Planned Economy, and State Socialism diverge only in non-essentials from the 'classic' ideal of egalitarian Socialism.") 

Algunas personas, incluso desde el interior de Cuba, han señalado que las recientes medidas anunciadas por el gobierno —el despido de 1,000,000 de trabajadores del Estado o de sus empresas, y la reducción de los servicios "gratuitos" a la población, por ejemplo— son reflejo de que su régimen no es socialista, sino un "capitalismo de Estado", dirigido por "neoliberales vestidos de verde olivo". Sobre estos señalamientos deseo hacer unos comentarios, algunos de los cuales surgen de lo que expuse en 500 mil despidos: Fidel y el fracaso del "modelo" cubano.

Las medidas anunciadas por el régimen cubano se producen en el contexto de un modelo socialista en crisis. Se trata de medidas inevitables ante el colapso de un modelo basado en el control de la economía por el Estado, y en el mantenimiento de un aparato gubernamental pesado y gigantesco. Nada de ello convierte o define el sistema económico cubano como un "capitalismo de estado", y menos aún, obviamente, en un sistema capitalista. Por otro lado, el planteamiento de que las medidas tomadas corresponden a las de "neoliberales vestidos de verde olivo", añaden confusión a lo que debe ser un análisis cuidadoso de la presente situación política en Cuba.


Como se sabe, el modelo económico de Cuba se basa en la apropiación de los medios de producción por el Estado, y como corolario, en el rechazo a que éstos puedan pertenecer a individuos, corporaciones, empresas, o incluso a cooperativas no sometidas a cuotas o a el control gubernamental. En fin, en la prohibición de la propiedad en manos de cualquiera de estos componentes de la sociedad civil, o si se desea usar la terminología marxista-leninista, en la prohibición de la propiedad privada sobre los medios de producción. Esa es la esencia del sistema económico cubano.

Bajo ese modelo, el paquidérmico gobierno empleaba personas cuyas funciones eran generalmente innecesarias, o para laborar en empresas controladas por el Estado. Con ello se provocó no sólo la ineficiencia gubernamental, sino que se aniquiló la capacidad productiva del país al pretender que la actividades de las empresas fueran dirigidas por comisarios y "cuadros del Partido", de acuerdo a las guías impuestas por el Estado, o por las "orientaciones" del Comandante en Jefe.

El modelo tenía que fracasar porque partía de que el Estado se hiciera cargo de funciones y empresas que podían llevarse a cabo con mayor eficiencia por empresas obligadas a competir bajo un modelo de libre mercado y libre competencia. Desde luego, para que tal cosa fuera posible el sistema imperante tendría que haberse transformado en un modelo capitalista, o al menos socialdemócrata.

Es imperativo recordar que todo el andamiaje socialista en Cuba se fundó en el cuerpo doctrinal marxista-leninista conforme al cual “el proletariado”, o “los trabajadores”, o la “alianza obrero-campesina”, debía tomar los medios de producción (es decir, las empresas y otras actividades productivas del país) y hacerse cargo del gobierno mediante la dictadura de los obreros (y sus aliados) "organizados por su vanguardia", el Partido Comunista. Eso lo sabe cualquiera que haya vivido en Cuba de los años '70 en adelante, o haya pasado por las escuelas de cuadros Julio Antonio Mella o Patricio Lumumba, o militara en alguna de las formaciones, grupos y microgrupos de la izquierda marxista latinoamercana.

La caracterización del sistema cubano, y de los sistemas socialistas del siglo pasado, como "capitalismos de estado", ha sido el argumento utilizado por quienes pretenden salvarle cara al socialismo como doctrina y como proyecto económico. Se trata de un recurso demagógico con el que se pretende desligar la doctrina del socialismo de las experiencias concretas, de las consecuencias, y de los fracasos que todos conocemos de su implantación en Europa, durante el siglo pasado, y actualmente en la propia Cuba.

Para estos amigos el verdadero socialismo está plasmado en extensas e intensas obras teóricas. Sin embargo, al final todo se reduce a intentar eludir la inevitable conclusión de que el sistema económico capitalista, con todos sus estipulables defectos, no sólo es más eficiente que el socialismo como modo de producción, sino que ha sido el único, hasta la fecha, que ha propiciado las condiciones para avances extraordinarios en la medicina, en las ciencias y la tecnología, así como para la creación artística y cultural en general, en un mundo real con miles de imperfecciones, habitado por seres imperfectos.

En definitiva, lo que fracasó en Cuba fue el modelo económico socialista. Para ello basta comparar la economía de Cuba con la experiencia en Chile y Brasil, países que han mantenido, bajo sistemas capitalistas, índices altamente posítivos de desarrollo económico.

Es por eso que la caracterización del sistema económico cubano, exquisiteses teóricas aparte, como un "capitalismo de estado" puede provocar confusión en un momento en el que es necesario identificar, con la mayor rigurosidad, los elementos esenciales que llevaron el modelo económico cubano al fracaso. Esos elementos esenciales son el control de los medios de produccción y la dirección absoluta de la economía por el Estado socialista, dirigido por el Partido Comunista. Lo cual no la convierte en un capitalismo de estado sino en una economía totalmente estatizada, la cual, para ser capitalista tendría que admitir la libre competencia y el derecho a la propiedad privada. Esa economía era incapaz de generar plusvalía; era una economía impedida de crear valor mediante la producción de bienes y servicios.


De otra parte, criticar el curso de acción anunciado por la dictadura por tratarse de medidas "neoliberales vestidas de verde olivo" contribuye a generar aún mayor confusión en el análisis de la presente situación en Cuba.

Sobre el amorfo y elástico término "neoliberalismo" hay que decir que no cuenta con una definición específica en la filosofía política. Si la tiene, no obstante, para los remanentes de la izquierda socialista del siglo pasado, y para los defensores contemporáneos de todo régimen totalitario que se oponga de alguna manera a los Estados Unidos o al sistema capitalista. Por consiguiente, para estos sectores basta ajustar el término al sujeto, idea o actuación, que se desee atacar en determinado momento.

Con el uso del término se ha intentado estigmatizar a todo aquél que tome partido con las posiciones liberales clásicas de defensa del individuo frente al Estado y con las libertades democráticas, tan ausentes en Cuba, Irán, Corea del Norte y Venezuela, para mencionar algunos ejemplos evidentes.

El término "neoliberal" ha venido a resolver un problema del discurso de dictaduras como la cubana, y de los remanentes de la mal llamada izquierda —derrotada desde las décadas del 80 y el 90 del siglo 20— para definir todo aquello a lo que se oponen, y echar a conservadores y liberales 
en un mismo bote junto a los especímenes más exóticos y atascados en el pasado de la guerra fría, sin estudio, comprensión, ni distinción de los planteamientos de cada uno de estos sectores.

Utilizar el término de marras para describir las medidas que tarde o temprano tendría que tomar la dictadura ante la imposibilidad de sostener la mentira socialista, nada explica sobre ese proceso. Al carecer de un contenido definitivo que pueda ofrecer un marco teórico de análisis tiene el efecto de colocar las medidas anunciadas en una especie de limbo analítico. Al final, la clasificación de las medidas como neoliberales, termina haciéndole un favor a la dictadura, por diluirlas en un concepto ambiguo, promoviendo el olvido de lo que es esencial aquí: el fracaso del modelo socialista.

En consecuencia, su utilización en este contexto resulta tan disparatado como señalar que el régimen político en Cuba es, y ha sido, una inocente democracia de los trabajadores, en la que las libertades individuales son respetadas a todos, no importa su clase social, ni su orientación sexual, ni su credo religioso, ni su opinión política, ni el medio que utilicen para comunicarse con sus lectores, sobre todo al exterior del país.

No obstante lo expuesto hasta aquí, sería interesante conocer la posición sobre las medidas anunciadas por la dictadura cubana de quienes han condenado, por anti-obreras, neoliberales y reaccionarias, las medidas tomadas en otros lugares y que sin duda son menos agresivas que, digamos, el despido de un millón de empleados del Estado.

Las complejas tareas que le están planteadas a la oposición democrática en Cuba requieren del mayor rigor posible en el análisis de su realidad presente. El análisis superficial o festinado termina de ordinario lesionando la credibilidad, y las causas que se pretenden defender, a veces de manera inconmesurable. Oceánicamente inconmesurable.

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