jueves, 29 de julio de 2010

Arizona: diversidad, transición y ciudadanía


Aunque tal vez sea muy temprano para celebrar, la decisión de la juez federal, Susan Bolton, que impide la aplicación de las secciones fundamentales para que pudiera operar la ley sobre inmigración del estado de Arizona, pone de manifiesto la transición que vive la clase política y el Derecho norteamericano, no sólo sobre el manejo del problema de inmigración ilegal, sino en cuanto a su actitud ante la la diversidad en general, y la comunidad hispana en particular.

El peso demográfico de la comunidad hispana ha tenido un efecto político vital en todo este proceso, al convertir la legislación de Arizona en un asunto de intenso debate a nivel de toda la sociedad norteamericana y de las diferentes ramas de gobierno de los Estados Unidos.

En ese contexto, resulta interesante y de gran importancia política e histórica, el que un Tribunal de Distrito Federal actuara en protección de la comunidad hispana; a lo que se unen las expresiones del Departamento de Justicia de Estados Unidos, en el sentido de que la cooperación estatal con el gobierno federal debe hacerse dentro del marco de la constitución. (Continúa. Para seguir leyendo oprima el enlace "Leer más".)

Y es que esta ley no sólo intentaba penetrar el campo ocupado por la legislación federal, sino que su diseño violaba principios esenciales que la sociedad norteamericana ha defendido, literalmente, a sangre y fuego: la Igual Protección de las Leyes y el Debido Proceso de Ley.

Bajo otras circunstancias históricas, digamos unos 20 o 30 años atrás, la desgraciada legislación hubiese pasado sin mayor discusión ni oposición. Pero la sociedad norteamericana y sus diferentes instancias de gobierno han ido cambiando su actitud ante la diversidad étnica y racial, el fenómeno de la inmigración, y la visión de lo que es “ser ciudadano” de los Estados Unidos.

Como he planteado en otras ocasiones:"[la] clase política estadounidense ha iniciado el proceso de aceptar el principio de que el elemento unificador del país es el respaldo a los valores y derechos democráticos consignados en la Constitución. Como producto de ese proceso se va configurando con mayor fortaleza una nueva visión del “ser ciudadano” en los Estados Unidos." (“Revisiting" La Nominación de Sotomayor por Obama: El Nuevo “Ser Ciudadano” y Arizona y Puerto Rico: Antes de que deje de ser domingo II)

De igual manera he reconocido en el pasado la existencia de elementos conservadores y reaccionarios agarrados con desesperación a su ideas nacionalistas y xenofóbicas. Sin embargo, estos sectores se enfrentan a una realidad de cambios demográficos y de crecimiento de las minorías que, en todo caso, a lo que apuntan es a la necesidad de respetar y reconocer la diversidad, y a la protección de sus derechos por parte del propio gobierno norteamericano.

Aunque contra los procesos de transición a los que me he referido aquí podrían armarse mil argumentos para señalar que éstos no están ocurriendo en realidad, basándose para ello en nacionalismos de todo tipo y de corta visión, lo cierto es que, como en el caso de Galileo frente a los dogmáticos religiosos, podemos afirmar “pero se mueve”.

Como he señalado antes, qué efecto tenga este proceso en el caso específico del rechazo o admisión de Puerto Rico como estado, es un asunto que sólo el devenir histórico contestará.

Sin embargo, de lo que no debe haber duda es que los cambios demográficos en la sociedad norteamericana, no solo tienen, sino que seguirán teniendo, efectos concretos en la visión de lo que es “ser ciudadano” de los Estados Unidos.

Y podemos anticipar, además, que estos cambios impactarán la manera en que la clase política norteamericana considerará el tema de la aceptación o rechazo de un “estado hispano”, cuando, después de todo, se puede argumentar, en pleno año 2010, que Estados Unidos ya cuenta por lo menos con cinco de ellos: Nuevo México, Arizona, Texas, California y la Florida…

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